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Ahora más que nunca los CEOs deben dar la cara

Coronavirus: por qué los CEOs (invisibles) deben dejar de jugar al escondite

En época de vacas gordas la escasa visibilidad de los CEOs es un síntoma de deficiencia en el plano empresarial, pero en tiempos de crisis alcanza el estatus de problema real.

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Autor de la imagen: Looma Creative

La élite empresarial (salvo honrosas excepciones a la norma) suele esquivar los focos de los medios de comunicación. La mayor parte de los CEOs habita plácidamente en sus confortables guaridas y sale de allí con tan escasa asiduidad de que muchos ciudadanos son totalmente incapaces de ponerles nombre y mucho menos rostro.

En época de vacas gordas la escasa visibilidad de los CEOs es un síntoma de deficiencia en el plano empresarial, pero en tiempos de crisis alcanza el estatus de problema real y potencialmente muy grave. Al fin y al cabo, la invisibilidad no tarda en trocarse en incertidumbre y la incertidumbre suele ser la madre de todos los problemas cuando la buena fortuna da la espalda a las empresas, explica Frank Dopheide en un artículo para Meedia.

Muchos altos ejecutivos se comportan como "topos" sepultados cómodamente bajo la tierra e incapaces de hacerse ver y oír, algo que es, por otra parte, el colmo de lo absurdo. ¿Por qué? Porque los departamentos de comunicación son probablemente más importantes que nunca dentro de las empresas (y jamás ha habido tantos canales de comunicación como ahora).

Pese a tener a su vera infinitas herramientas de comunicación, los CEOs parecen más reservados e inaccesibles que nunca. Y en los medios prefieren ceder el primer plano a los políticos y a sus soporíferas y execrables reyertas (también en tiempos de coronavirus).

Ahora que estamos plantando la simiente del futuro parece que la élite empresarial no tiene paradójicamente nada que decir.

Las marcas cuyos CEOs no dan la cara se quedan compuestas y sin confianza

¿El resultado de tan poca visibilidad? Que los ciudadanos no tengan más remedio que suspender a los "jefazos" de algunas de las empresas más importantes a escala nacional e internacional en materia comunicativa.

Pocos CEOs se atreven a alzar la voz en los medios comunicación (en particular en la televisión) para verse así confrontados con eventuales críticas (aunque también lisonjas).

Para buena parte de los líderes empresariales la abstinencia en los medios funciona como una suerte de escudo autoprotector. Si casi nadie les pone nombre y rostro, también nadie va a osar ponerles en la picota (o eso creen ellos).

Jugar a ser "héroes ocultos" es para muchos CEOs un ornamento que no hace sino engrandecerles y añadirles una gruesa pátina de épica, pero desde el punto de vista de la comunicación esta estrategia es un error monumental. Y lo es porque la anhelada confianza brota del pozo de la familiaridad y la presencia en los medios, en aquellos lugares donde habita la gente corriente y moliente.

En tiempos de crisis, y si hacemos caso de la sabiduría popular (que casi nunca falla), a los capitanes de barco les toca estar la cubierta. Es más importante que nunca que los CEOs se aferren con fuerza al timón de su propia compañía y que lo hagan a la vista de sus empleados y de todo el mundo. Solo así podrán navegar con éxito por las embravecidas aguas de la crisis y llegar a puerto seguro.

Los cimientos de la confianza se apuntalan (o se derrumban) en momentos de crisis y para que esa confianza anide en el corazón y en la mente del consumidor se necesitan rostros, concluye Dopheide.

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