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El consumidor, dividido entre la incertidumbre y las ganas de disfrutar

COVID-19: el consumidor desea volver a darse caprichos (pero con el miedo en los talones)

Tras el confinamiento los consumidores parecen dispuestos a darse de nuevo pequeños caprichos. Sin embargo, la gente no se confía del todo y continúa fluctuando entre la confianza y la incertidumbre.

coronavirusDespués de varios meses de confinamiento y de severas restricciones, algo más o menos rayano en la normalidad regresa de nuevo a un buen número de áreas de nuestras vidas.

Y al cobijo de esa nueva normalidad los consumidores parecen dispuestos a darse otra vez pequeños caprichos (como acudir a un restaurante o realizar alguna compra especial). Sin embargo, el consumidor no se confía del todo y continúa fluctuando entre la confianza y la incertidumbre. Así lo concluye al menos un reciente estudio llevado a cabo en Alemania por Pilot.

Uno de cada tres consumidores desea permitirse por fin algún que otro lujo. A la cabeza de los pequeños lujos que más anhelan los consumidores destacan los encuentros y la comidas con amigos (50%). El 37% desea asimismo volver a comer de nuevo en un buen restaurante.

Las compras son igualmente muy populares entre aquellos que desean darse pequeños caprichos. El 47% realizará alguna adquisición especial en internet, el 31% comprará algo con el foco puesto en el hogar y el 24% pretende volver de «shopping» a la ciudad.

Además, uno de cada diez consumidores desea adquirir un automóvil (ya sea nuevo o de segunda mano).

El consumidor quiere volver a darse caprichos, pero no baja tampoco la guardia

«La necesidad del consumidor de evadirse de la realidad dándose pequeños caprichos abre la espita de nuevos enfoques en la comunicación de marca», explica Christian Schneider, director de estrategia de Pilot. «Los anunciantes que colocan bajo los focos usos inspiradores de sus productos y servicios pueden conectar de manera muy eficaz con el consumidor», asegura.

Así y todo, el estado de ánimo del consumidor es extraordinariamente frágil debido al temor, más que fundamentado, a eventuales rebrotes. El 60% confiesa tener miedo de desarrollar la enfermedad del coronavirus (incluso con síntomas graves), el 57% admite que la crisis ha aumentado sus niveles de estrés y el 78% no tiene certidumbre alguna sobre el desarrollo de los acontecimientos en las próximas semanas.

Al 48% de los consumidores le preocupa además su situación financiera personal (muy maltrecha en ocasiones como consecuencia del COVID-19). Sin embargo, cada vez menos gente siente que la pandemia está afectando a su vida cotidiana.

La situación ambigua en la que se encuentra actualmente el consumidor es también más que evidente en su comportamiento de compra. La disposición a gastar es relativamente elevada, pero mucha gente continúa evitando los grandes centros comerciales y prefiere comprar en pequeños comercios locales.

A la luz de este nuevo contexto es vital que las marcas procuren respuestas adecuadas a las necesidades específicas de su target. «Estamos ante opciones muy interesantes, en especial en lo que se refiere a los artículos de precios elevados que no se compran con demasiada asiduidad, pero en los que no pocos consumidores están dispuestos ahora a fijar la mirada: champán, ropa de marca o tecnología», enfatiza Schneider.

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