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Aliviando la presión de los líderes en tiempos de coronavirus

COVID-19 y liderazgo: 8 maneras de lidiar con la presión de ser jefe justo ahora

Convertidos en heraldos de malas noticias y permanentemente en el ojo del huracán por medidas que son a menudo impopulares, los líderes cargan en estos momentos con muchísima presión sobre sus hombros.

 

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Autor de la imagen: Fabio Buonocore

El COVID-19 está confrontando a los líderes con desafíos de dimensiones absolutamente ciclópeas. No en vano, se están viendo a obligados a tomar decisiones complicadísimas como despedir personal e implementar severas medidas de austeridad para hacer frente a la grave crisis económica solapada a la pandemia.

Convertidos en heraldos de malas noticias y permanentemente en el ojo del huracán por medidas que son a menudo  impopulares, los líderes empresariales cargan en estos momentos con muchísima presión sobre sus hombros. ¿Cómo pueden entonces seguir adelante sin perder la concentración (más necesaria que nunca) en un entorno trufado de incertidumbres? Harvard Business Review disecciona a continuación algunos consejos para aliviar la presión que tantísimo socava la moral de los líderes en estos momentos:

1. Apostar por la autocompasión

Abrazar la autocompasión no significa ser complaciente con uno mismo y poner excusas. Es sobre todo y ante todo dispensarse a un mismo un trato algo más considerado y compasivo.

Que los jefes sean excesivamente críticos consigo mismos y que miren con lupa todos y cada uno de sus equivocaciones (que serán probablemente muchas) es un error a luz de la situación actual, cuando el bienestar físico y mental que quienes ocupan cargos de responsabilidad está ya de por sí bastante fustigado.

Lo peor que los líderes pueden hacer en estos momentos es autoflagelarse.

2. Reflexionar sobre el propósito

Una de las razones por las que el coronavirus es particularmente doloroso para los líderes es porque su propósito en la vida está ligado al futuro y el futuro está en estos momentos en una suerte de limbo.

Puede que antes de que estallara la pandemia los jefes estuvieran pensando en promocionar a alguien o en emprender un nuevo proyecto. Con todos sus planes de futuro disueltos de la noche a la mañana, es completamente normal que los líderes se sientan huérfanos de propósito.

Para recuperar la brújula es recomendable que los jefes reflexionen en profundidad sobre sus propios valores, sobre aquello que realmente les inspira y desempeña un rol de primerísimo orden en sus vidas. El objetivo no es otro que resucitar el sentido del propósito y reajustarlo en función de las circunstancias actuales.

3. Replantearse la situación

Si los líderes contemplan los retos emanados el COVID-19 única y exclusivamente a través de la lente de la frustración y la preocupación, es muy probable que las soluciones se queden en un segundo plano.

Es vital que los jefes se esfuercen en ver la situación como una oportunidad de emprender desafíos de naturaleza creativa e innovadora (y pergeñar quizás un nuevo modelo de negocio o incluso dar alas al "mentoring", del que los empleados están particularmente necesitados en estos momentos).

4. Obligarse a uno mismo a pensar de manera positiva

Es terriblemente complicado cultivar una mentalidad positiva en momentos tan dramáticos como los actuales, pero a los jefes en particular no les queda más remedio que forzarse a sí mismos a contemplar las cosas con una gruesa pátina de optimismo.

En estos momentos la negatividad es contagiosa y si el líder lo ve todo negro, sus empleados terminarán adoptando también idéntica actitud.

Para evitar caer atrapados en una espiral de negatividad es recomendable que los líderes tomen de vez en cuando distancia con respecto al trabajo y también a las noticias (nada halagüeñas en estos momentos) a fin de recargar las pilas y verlo todo desde  puntos de vista más saludables.

5. Concentrarse en las pequeñas victorias

Muchos líderes caen atrapados en las garras de la frustración al ser conscientes de enfrentarse a retos que no podrán ser resueltos lamentablemente ni en una semana ni en un mes.

En este sentido, lo mejor es poner el foco en pequeños logros, en victorias minúsculas aunque no por ello huérfanas de valor. ¿El objetivo? Cuidar la autoestima del líder y de su equipo, al que hay que mostrar una senda hacia la que encaminar sus pasos.

6. Abrazar la humanidad de uno mismo

Incluso en épocas de vascas gordas los líderes deben dar cobijo (de manera equilibrada) en sus entrañas a dos identidades: la de "role model" rebosante de fortaleza y confianza y la ser humano corriente y moliente.

Es importante que en momentos difíciles los jefes no dejen en la penumbra su lado más humano y se muestren empáticos con sus subordinados.

7. Buscar apoyos externos

Los miembros de su propio equipo no pueden ser el repositorio de los miedos que se cuecen en las entrañas de un líder, que debe a ser posible buscar apoyos en el exterior (más allá de los confines de la organización) para dar rienda suelta a sus frustraciones

Un jefe no es peor por buscar ayuda y negarse a navegar en solitario por las procelosas aguas de la incertidumbre.

8. Mimarse a uno mismo

Cuando el trabajo se torna particularmente exigente, es fácil arrojar el propio bienestar por la borda. Pero en momentos difíciles los líderes deben ser particularmente pródigos en mimos hacia sí mismos (durmiendo bien y alimentándose de manera saludable, por ejemplo) para protegerse del estrés y del "burnout" y encarar las dificultades con el vigor que éstas demandan.

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