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Haciendo de la necesidad virtud (creativa)

COVID-19: plantando la semilla de la creatividad en el prolífico terreno del aislamiento

En tiempos de crisis la creatividad puede convertirse en un auténtico vergel y para que eche brotes verdes no debemos parar jamás de buscar respuestas, por mucho que éstas no emerjan de manera inmediata.

creatividad

Autora de la imagen: Tanya Korneychuk

La crisis del coronavirus ha sido como suerte de terremoto en nuestra psique. De la noche a la mañana nos vimos despojados de nuestras rutinas (esas que antes tanto abominábamos y ahora tanto echamos en falta). De un día para otro nos vimos obligados a confinarnos en casa, a evitar el transporte público y a renunciar a tener contacto físico con nuestros amigos y familiares. Todo por culpa de un virus que ataca en las distancias cortas.

Algunos respiraron aliviados al saber que no debían desplazarse al trabajo todos los días, para otros el «home office» acabó trocándose en una experiencia insoportablemente estresante.

El confinamiento emanado del coronavirus está teniendo efectos de naturaleza desigual en las personas. Algunas se sienten más relajadas habiendo dejado atrás el frenesí de la vida diaria en la calle. Pero a otras la soledad les pesa como una losa o terminan dándose cuenta de que la persona que tienen a su vera no es probablemente la más adecuada (acaso nunca lo fue en realidad).

Los miedos y las preocupaciones familiares afloran más que nunca en estos momentos y de tales sentimientos puede acabar brotando la depresión, explica Reinhild Fürstenberg en un artículo para Horizont.

Confrontándonos con nosotros mismos, algo a lo que nos aboca inevitablemente la pandemia del COVID-19, experimentamos las emociones nacidas de nuestras entrañas de manera mucho más nítida y violenta. Si algo nos molesta, no podemos zafarnos de ello tan fácilmente como antes. Nuestra vida está constreñida, al fin y al cabo, a las cuatro paredes de nuestra morada.

El coronavirus, un terremoto con el epicentro en la psique humana

De todos modos, no todo el mundo lidia igual con el confinamiento. Aquellos dueños de una personalidad fuertemente apalancada en el sentido de seguridad padecen más estrés que quienes están habituados a verse las caras con el cambios.

Las personas mentalmente estables y con elevadas dosis de resiliencia están utilizando el parón para hincar el diente a cosas nuevas y darle vueltas a ideas potencialmente disruptivas. A este tipo de personas no les importa estar separadas temporalmente de sus amigos y familiares porque confían profundamente en la fortaleza de los lazos trabados con ellos.

Pero en otras personas la soledad tiene un impacto absolutamente demoledor. De hecho, hay estudios que concluyen que los efectos de la soledad en la salud son más graves que aquellos emparentados con la contaminación ambiental, la obesidad, el tabaco y el consumo de alcohol.

En este sentido, es vital que la ausencia de comunicación cara a cara durante la cuarentena sea reemplazada en la medida de lo posible por nuevas y excitantes experiencias comunicativas. En tiempos de coronavirus nos hemos arrojado necesariamente en los brazos de la comunicación en su vertiente digital. Y nos hemos dado cuenta que en esta fórmula comunicativa necesitamos prestar mayor atención a lo que dice nuestro interlocutor y tenemos que tener, por ende, las orejas mucho más abiertas. En los canales digitales la comunicación queda reducida a lo más esencial.

Simultáneamente los efectos de los encuentros casuales que se producen al calor de un taza de café o de una copa de vino brillan completamente por su ausencia. Y ello pone en valor a la comunicación en su vertiente más eficiente.

Ni que decir tiene, de todos modos, que la nueva situación puede revelarse también como una oportunidad, en particular para aquellos que se desempeñan profesionalmente en el ramo de la creatividad. Hay menos intercambios y, por lo tanto, también menos distracciones, lo que nos permite dar alas a la creatividad alojada en nuestras entrañas.

La comunicación necesita ser más eficiente que nunca y poner el acento en la calidad

Pero el hecho de que entre los nubarrones asome de vez en cuando un rayo de esperanza no significa que podamos obviar la espiral de problemas en la que nos vemos atrapados como consecuencia del confinamiento. La zozobra hace temblar como una hoja a nuestra psique, que a las preocupaciones laborales une las personales (más intensificadas que nunca).

Los problemas constituyen, no obstante, un fabuloso entrenamiento para los músculos de nuestra mente, que puede eventualmente salir reforzada de la crisis, adoptar nuevos comportamientos y expandir su repertorio de recursos de cara al futuro.

En tiempos de incertidumbre es vital, por otra parte, echar anclas en determinadas estructuras que nos procuren cierto sentido de la seguridad. Hay que seguir manteniendo reuniones con nuestros colegas de trabajo, dedicar tiempo a nuestra familia y realizar pausas para no ser devorados por el estrés.

Si nos sentimos acogotados por pensamientos de naturaleza negativa, es importante redirigir el pensamiento hacia otro tema y desconectar.

Aun estando confinados, debemos dedicar tiempo a aquellas tareas que nos proporcionan particularmente placer. Son esas pequeñas cosas las que plantan a menudo la simiente de la creatividad. Las conversaciones son asimismo importantes y no solo aquellas particularmente enjundiosas y con el foco puesto en las problemas sino también las que son tan alegres como despreocupadas.

En tiempos de crisis la creatividad puede convertirse en un auténtico vergel y para que eche brotes verdes no debemos parar jamás de buscar respuestas, por mucho que éstas no emerjan de manera inmediata, concluye Fürstenberg.

 

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