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El emprendimiento social, protagonista (creativo) en Cartagena Inspira

La creatividad más pura habita en los emprendedores sociales (y no en los publicitarios)

Las sociedades están hechas en gran medida con la misma materia de las innovaciones que tienen lugar en sus entretelas.

Para avanzar las sociedades precisan necesariamente de la innovación como “muleta”. Pero, ¿cómo y cuándo germina la anhelada innovación social?

Ésta puede aflorar en realidad en cualquier parte, por lo que sus madres son múltiples, pero anida particularmente bien al calor que le prodiga el sufrimiento.

Quien entra en contacto con el sufrimiento y conoce de cerca los males que éste cobija en su seno siente en ocasiones la necesidad de ir más allá y de buscar soluciones al problema que tiene entre manos (para librar de su ponzoñoso aguijón a la sociedad en su conjunto).

Sobre la necesaria innovación en una sociedad que no por más avanzada está menos atenazada por los problemas (lamentablemente eternos y con múltiples aristas) ha hablado hoy en Cartagena Inspira Antonella Broglia, embajadora senior de TEDx en Europa.

A juicio de Broglia, no hace falta preparación alguna, o ser dueño de un intelecto privilegiado, para ser emprendedor social, alguien cuyo objetivo es solventar problemas sociales, no llenarse los bolsillos. Y los emprendedores sociales son profundamente creativos, más incluso que los que tienen oficialmente (y no oficiosamente) la creatividad como profesión.

Buena prueba de ello es Bart Weetjens,  el fundador de una organización (APOPO) vertebrada en torno a una idea tan ingeniosa como asombrosamente sencilla: utilizar ratas gigantes para detectar minas antipersona en África. "Siempre que me preguntan por un creativo que me inspira particularmente cito a Weetjens", afirma Broglia.

A Broglia le llama asimismo la atención el caso de otro emprendedor social, el ginecólogo alemán Frank Hoffmann, que ha decidido valerse de personas ciegas (con el sentido del tacto mucho más desarrollado) para hacer exploraciones en los senos de otras mujeres y detectar así de manera temprana el cáncer de mama.

Otro emprendedor social dotado de audacia a raudales es Simon Berry, inventor de una cuña de cartón con sales para tratar la diarrea y distribuida, en todo un alarde de ingenio, en cajas de Coca-Cola.

Los emprendedores sociales, dice Broglia, son muchas veces las víctimas. ¿Un ejemplo de ello? El caso de un francotirador americano que decidió utilizar su formación y la de sus compañeros, cuyas vidas están muchas veces vacías de sentido al margen de la guerra, para ayudar a los afectados de catástrofes naturales (y hacerlo incluso mejor que la Cruz Roja).

El emprendimiento social puede aplicarse asimismo a un tema tan serio y, sin embargo, tan preocupantemente ubicuo como el tráfico de personas. Es lo que hace, por ejemplo, Polaris Project, cuyo germen fue simple y llanamente un número de teléfono que muy pronto se convirtió en omnipresente y que instaba a la gente a utilizarlo siempre que fuera testigo de situaciones de abuso.

Con la ayuda de este teléfono, Polaris Project ha puesto en manos de las autoridades valiosísimos mapas que arrojan luz sobre la localización geográfica de los casos de tráfico de personas. Cuando se visualizan adecuadamente, los datos, esos que tanto traen de cabeza a la marcas (con el fin de ganar dinero), pueden ser utilizados para hacer el bien, subraya Broglia.

Que los datos portan el bien en su ADN lo evidencia también otro proyecto, Visualizing Palestine, que fusiona datos, tecnología y diseño para analizar el conflicto palestino-israelí.

El emprendimiento social  y la creatividad que ésta entraña germina en cualquier parte, no sabe de fronteras, asegura Broglia. Cartagena de Indias, la ciudad donde se celebra estos días el congreso Cartagena Inspira, es por ejemplo el hogar de la ONG Juanfe que, fundada por Catalina Escobar, ayuda a las madres adolescentes a seguir adelante con sus vidas poniendo en sus manos los recursos adecuados.

También "made in Colombia" es la iniciativa "Litro de Luz", cuyo objetivo es llevar la electricidad a las poblaciones más empobrecidas de una manera tan sencilla como eficaz (una botella de agua metamorfoseada en bombilla) y convirtiendo a los propios habitantes en protagonistas del cambio.

En ocasiones, señala por otra parte Broglia, el universo de la publicidad (gobernado inevitablemente por el dinero) y el del emprendimiento social se fusionan. Así, pasó por ejemplo, con La Colitata, una singular emisora de radio dirigida por los pacientes de un psiquiátrico argentino que se convirtió hace unos años en protagonista de un spot de Aquarius. "Las marcas y  los emprendedores sociales tienen mucho que darse las unas a los otros y viceversa", recalca Broglia.

Y es que la creatividad, esa que con tantísimo afán buscan las marcas, habita en ocasiones en su estado más puro en los (a veces olvidados) emprendedores sociales, concluye Broglia.

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