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Cuando el miedo al cambio paraliza a las marcas

Cuando el miedo al cambio paraliza a las marcasLas marcas, como los seres humanos, tienen miedo al cambio por naturaleza. No pueden evitar su natural inclinación por la estabilidad y la seguridad. Influenciadas por las personas que tienen detrás, las marcas temen tomar decisiones, asumir riesgos, cometer errores y fracasar.

Sin embargo, en el camino hacia el éxito es imposible esquivar la innovación y para innovar hay tomar decisiones, asumir riegos, cometer errores y fracasar. Todo proceso de cambio produce miedo.

La transformación de las marcas, como la transformación de las personas, requiere pasión y decisión. Para cambiar, las marcas deben buscar nuevos valores que ofrecer al cliente más que competir por ofrecer valores que ya oferta la competencia.

A la hora de transformar una marca, el foco debe estar más en plano creativo (posibilidad y potencial) que en el plano competitivo (ofertas y descuentos), aseguran Derrick Daye y Brad VanAuken en Branding Strategy Insider.

En la era digital, marcada por las interacciones y las conexiones, las ideas se han convertido en la nueva moneda social de cambio. Aun así, algunas marcas siguen teniendo miedo a las ideas y ese miedo les impide crecer.

Al igual que los seres humanos, las marcas están encerradas en su propia identidad y su propia historia. Para hacer frente al cambio, una marca debe pasar por las siguientes fases de transformación:

– La ruptura: la constatación de lo que antes funcionaba bien ya no lo hace.
– La liberación: decir adiós de una vez por todas a la resistencia al cambio.
– La retirada: esta es quizá la fase que genera más miedo en las marcas porque implica renunciar al marketing durante un tiempo.
– El ensayo: en esta fase las marcas deben aprender a jugar con las ideas que tienen a su alcance.
– La realización: cuando la posibilidad se convierte en un logro.

Este proceso de cambio es dinámico y constante e implica volver de la ruptura a la realización una y otra vez. Y salvo contadas excepciones, las ideas se toman su tiempo para dar frutos.

El proceso creativo de generación de ideas es raramente cuantificable en tiempo. Por eso, las marcas tienen tanto miedo del cambio. El mercado les impone un ritmo muy rápido, pero el cambio es lento. Enfrentadas a esta contradicción, las marcas deben recordar que la paciencia es un árbol de raíces amargas pero de frutos dulces.

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