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Dar esquinazo a la sociedad del despilfarro sí es posible

Dar esquinazo a la sociedad del despilfarro sí es posibleLa patata es demasiado grande, el tomate está demasiado blando y el pan está demasiado duro. Cada año, millones de toneladas de alimentos acaban en la basura por el empeño de los consumidores en comprar única y exclusivamente alimentos absolutamente “inmaculados”. Sin embargo, hay también maneras de escapar a la locura de la sociedad del despilfarro.

En realidad, el queso se encuentra en buen estado. Y las uvas tienen también buen aspecto. Aun así, el consumidor quiere sólo lo mejor y rechaza sistemáticamente los alimentos con algún tipo de “falta”.

“La gente espera una gran selección y una calidad perfecta”, explica en declaraciones a Spiegel Claus Herda, miembro de una organización caritativa de Hamburgo (Alemania) que encarga de recoger alimentos “imperfectos” pero en buen estado que otra manera terminarían en la basura.

Ante la demanda de “perfección” por parte del consumidor, los supermercados e pliegan a sus demandas. En sus estanterías no hay lugar para alimentos que no estén los suficientemente frescos o que simplemente no luzcan perfectos.

Este despilfarro resulta aún más insoportable si se tiene en cuenta que hay miles de millones de personas que pasan hambre a diario en todo el mundo. Y no sólo eso. Este afán consumista influye en los precios de los alimentos a nivel global. El despilfarro aumenta el precio de los alimentos en todo el mundo. Y precisamente por ello, los alimentos son casi un producto de lujo para los consumidores de los países en vías de desarrollo.

De todos modos, cada vez más iniciativas apuestan por dar una vuelta de tuerca a la actual sociedad del despilfarro. Para la filmación del documental Taste the Waste, el director Valentin Thurn investigó el despilfarro de alimentos en todo el mundo. ¿Las conclusiones? Cifras absolutamente sobrecogedoras: una de cada dos lechugas termina en la basura, una de cada dos patatas es descartada para su venta al público, y uno de cada cinco panes no pasa al corte y termina no comercializándose.

Según estimaciones de la FAO, en los países industrializados se arrojan cada año más de 220 millones de toneladas de alimentos.

No obstante, no todos los consumidores participan de la locura de la sociedad del despilfarro. El denominado “containering” o “dump diving” disfruta de cada vez más adeptos en las grandes ciudades. Los que practican esta actividad rebuscan cada noche en los contenedores de los supermercados para encontrar alimentos que se encuentran aún en buen estado. Este movimiento comenzó a popularizarse en Estados Unidos hace aproximadamente 15 años y sus activistas lo son casi siempre por motivos ideológicos y políticos.

Otro ejemplo de que es posible dar esquinazo a la actual sociedad del despilfarro es una cadena de panaderías con tiendas repartidas en los alrededores de la ciudad de Düsseldorf. Consciente de que sus panaderías generaban cada mes hasta 12 toneladas de pan, Roland Schüren decidió aprovechar este pan sobrante para generar energía capaz de alimentar los hornos de la cadena.

Son pequeños pasos que pueden, sin embargo, lograr mucho. De acuerdo con Thurn, si todos redujéramos a la mitad el despilfarro de alimentos, el efecto en el medio ambiente sería similar a si toda la población mundial renunciara a uno de cada dos coches.

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