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Los datos murieron el 8 de noviembre, Donald Trump y su pasmosa victoria los mataron

trumpDonald Trump será el 45º presidente de los Estados Unidos de América. Que el controvertido multimillonario estadounidense vaya a ser el próximo inquilino de la Casa Blanca ha dejado a muchos literalmente patidifusos y no sólo por lo histriónico del personaje que eligieron los estadounidenses el pasado 8 de noviembre en las urnas sino también porque las encuestas se equivocaron estrepitosamente y dejaron en evidencia, una vez más, a la hasta hace no mucho "intocable" investigación de mercados.

"He confiado durante 30 años en los datos y esta noche han muerto", tuiteaba ayer Mike Murphy, analista del canal estadounidense de noticias NBC. Con esta contundente frase el que fuera estratega político del Partido Republicano escribía el que bien podría ser el epitafio de los sondeos electorales, que no se cansaron de predecir durante los últimos meses la victoria (casi segura) de Hillary Clinton en los comicios celebrados el pasado 8 de noviembre al otro lado del charco.

Hacia el final de la campaña, cuando el 8 de noviembre estaba cada vez más próximo en el calendario, casi todos los sondeos daban a Hillary Clinton por ganadora. El pasado lunes, a sólo un día de la cita de los estadounidenses con las urnas, las encuestas publicadas por Bloomberg, CBS, ABC (con Suffolk), The Economist (con YouGov), NBC (con SM) o The Washington Post situaban a Hillary Clinton bastante por delante de Donald Trump.

Un sondeo de la empresa de investigación de mercados Ipsos para la agencia de noticias Reuters predijo que Clinton se impondría en las urnas a Trump con un 90% de probabilidades.

Pocas, muy pocas encuestas, supieron atisbar la victoria de Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses. Entre los pocos sondeos que dieron en la diana destaca la encuesta (online en este caso) llevada a cabo por la Universidad del Sur de California para Los Angeles Times.

La organización Real Clear Politics (RCL) se preocupó durante las últimas elecciones de recopilar sondeos y elaborar con sus diferentes resultados una media que está a años luz de los resultados reales en las urnas y que deja a las claras el problema de “puntería” que tiene hoy a todas luces la “sacrosanta” investigación de mercados.

“Los pronósticos no sirven para nada. Los investigadores de mercados pueden ir haciendo las maletas”, decía ayer Megyn Kelly, presentadora de Fox News.

La sorprendente victoria de Trump ha dejado en ridículo a la investigación de mercados, tanto que siente incluso vergüenza de mirarse en el espejo. Lo ocurrido el 8 de noviembre no es, al fin y al cabo, su primer “patinazo”.

Que los sondeos andan a veces tremendamente desencaminados en sus predicciones quedó también en evidencia en el el referéndum del Brexit celebrado el pasado mes de junio en Reino Unido.

Si las empresas de investigación de mercados (y también los medios que ponen en negro sobre blanco sus desatinos) no hacen acto de contrición, será difícil volver a creer en sus “profecías”. Unas “profecías” que echan a menudo raíces en métodos cuanto menos discutibles y que se dan por válidas en muchas ocasiones demasiado a la ligera.

En los tiempos que corren muchos ciudadanos consumen las encuestas políticas como si fueran predicciones meteorológicas, asegura la periodista especializada en datos Mona Chalabi en un artículo para The Guardian. Eso explica que sondeos que están a todas luces equivocados se difundan como la pólvora en los medios de comunicación. ¿El problema? Que la naturaleza humana, esa que tratan de medir los sondeos, es absolutamente impredecible.

Y es impredecible porque el ser humano miente a veces descaradamente en las encuestas. Es lo hicieron muchos de los estadounidenses que participaron en los sondeos electorales llevados a cabo durante los últimos días al otro lado del charco. A muchos les dio vergüenza confesar a los encuestadores que iban a votar por el polémico Donald Trump.

Pero el ser humano no es impredecible única y exclusivamente por su afán a mentir (descaradamente) sino también porque a veces le da por tomar sus decisiones en el último minuto (cuando tiene frente a sí la urna donde debe depositar su voto).

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