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Los trucos de las marcas para engañar a los consumidores

La dieta de la mentira: ¿realmente somos conscientes de la basura que comemos?

España se posiciona como el principal país exportador y proveedor de frutas y hortalizas de la Unión Europea. De acuerdo a los últimos datos hechos públicos por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, el 5% del territorio español se encuentra dedicado a las actividades hortofrutícolas.

Nuestro país exporta de forma anual al exterior 12,5 millones de toneladas al año de este tipo de productos lo que se traduce en un beneficio económico de 12.486 millones de euros. Detrás del mundo de la fruta y la verdura existe todo un negocio en nuestro país que, por desgracia, no está exento de malas prácticas.

La concienciación social sobre unos hábitos de vida saludables ha calado. Somos conscientes de la necesidad de comer frutas y verduras a diario para gozar de buena salud y mantener nuestro organismo en perfectas condiciones.

Pero el veloz ritmo de vida al que nos vemos sometidos hace que no siempre sea posible incluirlas en nuestra dieta. Cada vez son más las personas que recurren a productos basados en la fruta para hacer que su alimentación sea más saludable. Pero no es suficiente.

Tenemos que ser conscientes de que estos productos no son equivalentes a las frutas y verduras frescas. Estamos siendo víctimas del fenómeno de la fruta falsa. En los últimos 10 años se ha triplicado el consumo de frutas en toda Europa. Pero estas cifras ocultan una preocupante verdad.

A pesar de que hoy en día contamos con más opciones y demanda que nunca hemos dejado de comprar frutas y verduras frescas. Este es el punto de partida de uno de los recientes reportajes elaborados por La Noche Temática.

“Lo que es indudable es que la gente está realmente interesada en los beneficios para la salud de la fruta y la verdura. Así que es lógico que los fabricantes, la gente del marketing, intente capitalizar la demanda de todos aquellos productos que son productos naturales”, explican en el reportaje.

¿Es la fruta una nueva herramienta comercial y publicitaria?

“Los consumidores no deberían verse obligados a convertirse en detectives con una lupa en la mano e invertir 10 minutos con cada lista de ingredientes para verificar si les están engañando”.

Diferentes expertos participantes en el citado reportaje explican que muchos de estos productos parecen 100% sanos a primera vista. “No debemos dejarnos engañar por el marketing. No olvidemos que el envase es un elemento publicitario así que esto es publicidad”, recalca la voz en off.

Tomando el caso de los supuestos zumos naturales como ejemplo se explica que, los beneficios que se detallan en sus envases, “son simplemente una herramienta de marketing para crear en nosotros la necesidad de beber más zumo”.

Foodwatch, sociedad para la protección del consumidor analiza algunos de los trucos legales utilizados por las marcas para engañar a los consumidores. “Es legal, es cierto, pero es legítimo”, expresa uno de sus miembros.

Pierre Chandon, reconocido investigador experto en marketing y apasionado del mundo de la salud, apunta que el marketing tiene importantes consecuencias en el comportamiento dietético de los consumidores.

“Hay más calorías en un zumo con un 100% de manzana que en una Coca-Cola. Los anunciantes siempre intentarán vendernos productos, aunque no necesariamente los que contienen menos calorías”.

El problema de la comida preparada

Pero la “fruta” falsa es sólo uno de los problemas que encontramos en nuestra dieta.

A principios del pasado año el EAE Business School hacía públicos los resultados de un estudio elaborado en base a nuestros hábitos de consumo de comida rápida. Este aumentará un 50% en España durante los próximos cinco años.

La comida preparada y rápida se han convertido en la tónica para cada vez un mayor número de españoles. Y esto tiene consecuencias bastante negativas para nuestra salud. Según los datos del estudio elaborado por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, estamos ante un problema que ya afecta a más del 20% de la población adulta en España.

Los investigadores y científicos coinciden cada vez más al señalar que estos alimentos son auténticas bombas de relojería para nuestra salud.

La comida prepara, ¿qué esconde?

Este ha sido el título de otro de los reportajes elaborados por La Noche Temática. “Sin duda la primera clave del éxito de la comida preparada es su cuidado empaquetado. Antes de ser una receta es primero un concepto.

En estos productos nos encontramos con multitud de ingredientes que únicamente son aditivos y no reportan beneficios positivos para nuestra salud. En el reportaje se muestra cómo la mayor parte de los gigantes de la cocina industrial se niega a abrir sus puertas. ¿De qué tienen miedo?

La respuesta es sencilla: temen perder a sus consumidores. Recordemos que estamos hablando de un mercado que genera alrededor de 3.000 millones de euros.

“Hemos solicitado la colaboración de las grandes marcas del sector. La primera de ellas nos hizo esperar eternamente. La segunda nos dijo que no estaba disponible. En definitiva, recibimos numerosas negativas a menudo muy poco argumentadas”.

“Glutamato de sodio, almidón de maíz y patata procesados, sal de nitrito, E472. Todos estos ingredientes son aditivos; algunos conservan, otros dan sabor, color, volumen; todos son más baratos que la materia prima; nada ilegal”, explican en el reportaje tras leer varios etiquetados de estos productos.

Los científicos indican que están un tanto alarmados ya que algunas de estas sustancias son potencialmente peligrosas para la salud de quienes las consumen. Estamos ante productos que, por su composición, no son obligatoriamente perjudiciales o tóxicos para nuestra salud.

El problema surge cuando nos planteamos los riesgos que supone su acumulación derivada de los productos que compramos.

El médico nutricionista Laurent Chevalier muestra su preocupación en el reportaje: “creo que lo que debemos decirle al consumidor es que, cuando hay más de tres aditivos, puede desechar el producto o adquirirlo de forma totalmente excepcional, ya que las interacciones entre aditivos las conocemos muy mal puesto que no han sido estudiadas”.

¿Podemos decir que estamos comiendo basura?

Si atendemos a los ingredientes y aditivos que podemos encontrar en la mayoría de estos productos la respuesta es, sin duda alguna, sí.

La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (aecosan) señala que existen 27 clases distintas de aditivos en función de sus propiedades. Por ley, todos los que se utilizan en la Unión Europea deben haber sido previamente evaluados y autorizados demostrando que son seguros en las cantidades que son utilizados.

Además, la legislación establece que debe indicarse que son realmente necesarios en los alimentos en los que han sido autorizados para no engañar a los consumidores. En el etiquetado debe indicarse siempre la función que desempeña el aditivo.

Uno de los principales problemas en este sentido que vemos en España es que la información y etiquetado de los alimentos en nuestro país se rige, principalmente, por un principio de autorregulación y la responsabilidad social corporativa de la industria.

“En España, la tesis fundamental de los poderes públicos es que la información alimentaria garantiza la libertad del consumidor al elegir los productos que adquiere: en consecuencia, concluyen, solo el ciudadano es responsable de si esa elección no ha tenido en cuenta valores como la sostenibilidad, su salud o el bienestar animal", destacan en las conclusiones de un estudio elaborado el pasado año por el Observatori de Bioètica i Dret (OBD) de la Universitat de Barcelona.

Como ha podido comprobar a lo largo de estas líneas no sabemos lo que estamos comiendo o bebiendo la gran parte del tiempo.

España necesita avanzar en diversos puntos de los aquí expuestos para que el consumidor reciba una información 100% veraz del producto consumido y no sea engañado por las compañías y sus marcas.

El camino pasa sin duda por la aplicación de medidas como las puestas en marcha en países como Dinamarca o Chile.

En el primero la prohibición de la venta de alimentos ricos en grasas “trans” y la rebaja del precio de las frutas y verduras ha reducido la mortalidad vascular. En el caso del segundo los productos con alto contenido en azúcar, calorías o grasa aparecen acompañados con etiquetas negras.

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