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No todo es de color de rosa en la digitalización

La digitalización también tiene su lado oscuro: el "burnout" o síndrome del trabajador 'quemado'

La tecnología hace más fácil la vida cotidiana, tanto a nivel profesional como personal. Pero la digitalización también tiene su lado oscuro.

Las cifras son alarmantes: con un 37%, enfermedades mentales como la depresión y el agotamiento son la causa más común de incapacidad laboral. "En comparación con hace diez años, eso es un aumento del 40%", alerta Amar Banerjee, miembro de la junta directiva del grupo asegurador Swiss Life, que realizó un estudio sobre el tema.

Las causas más frecuentes son estrés, presión y un pésimo equilibrio entre vida laboral y personal. Parece que el "burnout", también conocido como síndrome de desgaste profesional o del trabajador  'quemado', se está convirtiendo en una enfermedad cada vez más popular. Y eso que hace cien años la gente tenía que trabajar mucho más duro que nosotros hoy, ya que la digitalización nos ahorra muchos esfuerzos. Pero, ¿realmente lo hace? ¿O es quizá incluso una razón para el aumento del número de enfermedades?

Para comprender las consecuencias de la digitalización en nosotros mismos y en nuestra psique, es importante echar un vistazo más profundo a la evolución del trabajo en sí. Mientras que hoy se considera muy 'chic' quedarse en la oficina hasta las ocho de la tarde y estar disponible para el jefe y los compañeros en vacaciones, en la Edad Media trabajar todavía tenía una connotación bastante negativa. Los que tenían que hacer un trabajo duro y físico pertenecían a la clase baja. El ocio y el placer estaban reservados solo para la nobleza. Solo con la Reforma cambió esta imagen. Lutero no solo dividió la Iglesia, sino que también creó un cambio en el mundo laboral con sus tesis. "El que es perezoso vive en pecado", fue el juicio del reformador. Y así, el trabajo duro se convirtió en una especie de virtud cristiana.

Vivir para trabajar

Sin embargo, con la Revolución Industrial, la situación volvió a cambiar: el progreso técnico y la electrificación hicieron que la vida en las ciudades en crecimiento fuera más cómoda, pero al mismo tiempo, el mundo parecía estar cada vez más inquieto. Los turnos de 16 horas eran normales en las fábricas. Y cada vez más pacientes se quejaban de un extraño malestar, falta de concentración, fatiga e irritabilidad. El médico de Nueva York George Miller Beard culpó de esos síntomas a la sobreestimulación metropolitana. El término "neurastenia", acuñado por él en 1869, fue uno de los diagnósticos más frecuentes a principios del siglo XX.

Pero el "burnout" no es un fenómeno nuevo, solamente tiene un nuevo nombre. Y, estrictamente hablando, ni siquiera es una enfermedad. El agotamiento es una reacción natural del cuerpo, tanto en humanos como en animales. Cuando se enfrenta a supuesto peligro, el cuerpo responde liberando un cóctel de hormonas del estrés, como la adrenalina y el cortisol. Aumenta el bombeo de sangre en el corazón y los pulmones. La mente está completamente despierta. Para nuestros antepasados, esto era vital para poder calibrar y reaccionar ante situaciones críticas a la velocidad del rayo.

Hoy, aunque hace tiempo que no necesitamos cazar en el bosque ni defendernos de animales salvajes, el sistema de estrés hormonal en nuestro cuerpo sigue siendo el mismo. Si el estrés persiste, lleva a una sobreproducción de cortisol, y eso nos hace enfermar. Los estudios demuestran que hasta un tercio de la población activa está en riesgo de sufrir este síndrome, pero la suposición de que quien más trabaja está más amenazado es una falacia. La comparación muestra que, en los años 50, todavía era normal en la industria metalúrgica y eléctrica trabajar 48 horas a la semana. Y el derecho a vacaciones estaba por debajo del nivel actual. En aquella época, el sindicato alemán del sector del metal tuvo que defender fieramente su exigencia de 18 días de descanso. Entonces, ¿cómo puede ser que, a pesar de las condiciones más favorables, la vida laboral sea mucho más estresante hoy en día?

Cuando el 24/7 hace enfermar

Una gran diferencia entre el mundo laboral actual y el de antes es la cuestión de cómo se realiza el trabajo: mientras que en los años 50 todavía era en su mayoría manual, alrededor de la mitad de los empleados alemanes ahora trabaja en un ordenador. La digitalización ha revolucionado de manera significativa áreas como las comunicaciones y la informática. Sin embargo, una consecuencia de esto es que nos vemos obligados a hacer todo lo posible en el menor tiempo posible. Estamos mentalmente en alerta constante y, físicamente, sin mover el cuerpo, por lo general.

Esto se prolonga en nuestra vida privada: gracias a nuestro smartphone, siempre estamos disponibles. Aplicaciones como Instagram también nos muestran un mundo de perfección en el que el éxito, el dinero y la belleza son superados por la felicidad. Por lo tanto, a menudo nos encontramos en una espiral de auto-optimización, tanto en lo profesional como en lo privado.

Sin embargo, casos como el del DJ sueco Avicii muestran cómo esto puede afectar a cualquiera, sin importar cuán perfecta parezca su vida al resto del mundo. El documental "True Stories" mostró cómo la enorme presión fue enfermando al joven músico. Trastornos del sueño, apatía, dolor de estómago. El cóctel tóxico de las hormonas del estrés paraliza poco a poco los órganos y la psique. Hasta que ya no puede más.

El enemigo está dentro de nosotros

La culpa es de lo que los científicos llaman el "gen del agotamiento". Esto deja claro que la sensación de estrés no es solo cuestión de factores externos. La razón para la percepción individual del estrés es la cantidad de cortisol liberado en situaciones peligrosas, que es diferente en cada caso y no puede ser influenciado desde el exterior, sino que es congénita. Así que, mientras algunos mantienen la cabeza fría frente a los plazos, las reuniones y las presentaciones, otros solo pueden mantener este ritmo durante un tiempo. Las hormonas del estrés en su sangre los hacen extremadamente poderosos a corto plazo. Sin embargo, si este estado hormonal de emergencia persiste, el resultado suele ser una concentración deficiente, sueño y trastornos digestivos.

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