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La economía colaborativa mira hacia arriba para surcar (también) los cielos

vueloLos vuelos se han convertido en los últimos tiempos en productos de consumo casi diario. ¿Que nos surge una reunión urgente de negocios en Barcelona? Por poco más de 100 euros podemos comprar un billete en Vueling y aterrizar en la Ciudad Condal volando desde Madrid en apenas una hora y cuarto.

Habitualmente para realizar trayectos cortos en avión la mayor parte de los consumidores se decanta por aerolíneas de bajo coste como EasyJet, Ryanair o Iberia Express.

Sin embargo, lo cierto es que hay alternativas a las compañías aéreas de toda la vida para desplazarse en avión. Y las hay gracias a la omnipresente economía colaborativa.

Del mismo modo que en BlaBlaCar hay conductores dispuestos a compartir ruta en coche con otras personas, hay también plataformas donde los pilotos privados tienen la posibilidad de compartir sus desplazamientos en avión con otras personas para ahorrar así costes.

Desde que en 2014 la Unión Europea aprobara una directiva que permitía expresamente a los pilotos privados viajar con pasajeros a bordo, las plataformas de vuelos compartidos han protagonizado un pequeño pero notable “boom”. Ahí están jóvenes (pero prometedoras) startups como Wingly.io o Flyt.club para demostrarlo.

En la empresa alemana Flyt.club, por ejemplo, hay ya 700 pilotos registrados y sólo durante el pasado mes de agosto unos 100 pasajeros se beneficiaron de las ventajas de esta plataforma.

Flyt.club se queda con un porcentaje del 10% sobre el precio final fijado para los trayectos por los pilotos privados y, aunque el margen es pequeño, el negocio es prometedor, asegura Marcus Loffhagen, cofundador de la compañía, en declaraciones a Spiegel.

¿Lo más curioso del “flight sharing”? Que los pilotos privados que participan de esta fórmula de economía colaborativa tienen terminantemente prohibido lucrarse económicamente con ella y pueden cobrar única y exclusivamente a sus clientes gastos de combustible, de tasas aéreas y otros desembolsos estrictamente necesarios asociados al vuelo.

Pese a esta restricción, está claro que el “flight sharing” tiene potencial para volar alto, muy alto. ¡Que tiemblen las aerolíneas!

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