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El marketing es como el sexo: todo el mundo piensa que es bueno en ello

El mundo de las marcas rezuma hoy en día hipocresía. Todo el mundo cree ser un experto en marketing. Da igual que se trate del consejero delegado de una gran empresa o de un simple informático. Todos aseguran saber más del cliente que el propio cliente.

En un ejercicio de hipocresía, el consejero delegado desprecia los ideas del director de marketing y éste a su vez se molesta porque cree que son sus ideas y nos las de la jefe las poseedoras de la «verdad absoluta». Al mismo tiempo, el consejero delegado se molesta con el director de marketing cuando éste se atreve a cuestionar su «verdad».

¿A quién hacer caso entonces? ¿Al consejero delegado o al director de marketing? Entre tantos poseedores de la verdad, ¿cómo distinguir al verdadero dueño?

La respuesta a esta pregunta es simple y compleja al mismo tiempo. La clave para triunfar en el marketing, como en el mundo de los negocios en general, es saber en quién confiar y a quién hay que escuchar, y simultáneamente saber también a quién hay que ignorar.

En ocasiones, la habilidad para “separar el grano de la paja” nace simplemente del instinto. En otras, nace del aprendizaje. A veces hay que toparse como muchos “charlatanes” y con muchos “sabios” para distinguir a los primeros de los segundos y viceversa, explica Steve Tobak en CBS Money Watch.

En todo caso, para ser un “maestro” del marketing, independientemente del puesto que se ocupe dentro de la empresa, hay que tener un don especial para meterse en la piel del cliente y averiguar lo que quiere. Y no se tiene ese don, hay que reemplazarlo por el arte de aprender a confiar y escuchar a la gente adecuada.

 

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