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El marketing no es infinito, tiene una gran limitación: los valores

infinitoEl marketing gira en torno a una «obsesión»: convencer. El gran cometido del mundo «marketero» consiste en conseguir que personas que ya creen en algo comiencen a creer en otra cosa. Un tarea muy complicada, ¿no cree?.

La mayoría de consumidores afirma estar dispuesto a cambiar, pero la realidad dista mucho de esta afirmación ya que somos cómodos por naturaleza y solemos seguir el lema: «mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer».

Conseguir que los usuarios se lancen a explorar nuevas marcas y productos es una labor complicada, pero aquí es donde reside la fuerza de una buena estrategia de marketing, aunque existe una clara limitación: podemos cambiar de marca de camiseta, pero es complicado que alguien nos convenza de dejar de llevar camisetas.

La mayor parte de inclinaciones hacia la utilización de un producto o marca vienen dadas por concepciones culturales muy profundas, algo que el marketing es incapaz de cambiar, por ello un buen “marketero” debe comprender los límites a los que se enfrenta y asumir que el marketing puede ayudar a que los consumidores se decidan por una opción u otra, pero no va a conseguir cambiar las ideas fundamentales y valores que construyen su manera de ser.

 

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