Tendencias en Marketing

El fracaso es a veces territorio fértil para la innovación

La equivocación como madre de la innovación: 4 formidables inventos que fueron accidentes

Que los accidentes pueden rebosar innovación por todos los poros es más que evidente en los inventos (nacidos del vientre del error) que diseccionamos a continuación.

 

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Autor de la imagen: Amy Peterson Art Studio

Napoleón Bonaparte dijo en una ocasión que los accidentes como tales no existían. Si acaso existía el yerro a la hora de reconocer en tales accidentes la mano del destino. Y aunque el autoproclamado emperador de los franceses no tuvo en realidad un destino bastante funesto y acabó desterrado en la remota isla de Santa Elena, lo cierto es que el bueno de Napoleón tenía bastante razón.

Todos nos topamos de bruces con accidentes, pero lo que determina en último término nuestro propio futuro es la celeridad y la creatividad con la nos enfrentamos a tales accidentes.

Que los accidentes pueden rebosar innovación por todos los poros es más que evidente en los inventos (nacidos del vientre del error) que Inc. disecciona a continuación:

1. Post-it

La historia de los celebérrimos Post-its es una concatenación de tres accidentes. Allá por 1968 Spencer Silver, un químico de 3M, se empeñó en alumbrar un pegamento increíblemente resistente, pero fracasó miserablemente. Su adhesivo tenía poquísima adherencia.

Sin embargo, Silver supo ver en su "criatura" dos importantes ventajas: que era sensible a la presión y podía ser reutilizado en varias ocasiones.

El invento de Silver permaneció encerrado durante 6 años en el cajón de los fracasos olvidados hasta que Arthur Fry, también científico de 3M, tuvo un momento de inspiración divina: el adhesivo de su colega podía servir para marcar las páginas de su libro de salmos para la iglesia sin procurar daño alguno a la hojas del volumen.

Silver y Fry trabajaron a continuación codo con codo en el desarrollo de las famosas notas adhesivas Post-it, que sus creadores bautizaron como "un método completamente nuevo de comunicar". Razón no les faltaba desde luego. De un fracaso tremebundo acabó brotando un auténtico éxito de ventas que no falta a día de hoy en ninguna oficina.

2. Microondas

Percy Spencer estaba llevando a cabo un experimento en su laboratorio cuando la barrita de caramelo que llevaba en el bolsillo del pantalón se derritió de repente.

El ingeniero de Raytheon había estado tratando de perfeccionar un radar y concluyó que las microondas involucradas en su experimento habían provocado el calentamiento y posterior reblandecimiento de la barrita de caramelo depositada en el bolsillo de su pantalón.

Consciente de su hallazgo, Spencer comenzó a experimentar con más alimentos (en particular con snacks). Tras el primer y fortuito experimento del caramelo, el científico probó con palomitas y a continuación con huevos.

En 1947, y gracias a los esfuerzos de Spencer, Raytheon sacó a la luz el primer microondas de la historia: Radarange. Sin embargo, el invento de marras fracasó estrepitosamente. Grande como un frigorífico y más caro que muchos automóviles, el microondas de Raytheon languideció durante décadas hasta 1967, cuando vio la luz en una versión mucho más reducida y apta para colocar en la encimera de la cocina. Esta nueva variante fue todo un éxito y a día de hoy raro es el hogar que no cuenta en la cocina con un horno microondas.

3. Super Glue

Corría el año 1942 y Harry Coover, químico de Eastman-Kodak, trataba de buscar un material transparente adecuado para las mirillas plásticas de los fusiles.

Coover alumbró así el cianocrilato de metilo, un material extraordinariamente pegajoso con el que era casi misión imposible trabajar porque se adhería a todo.

El producto estuvo olvidado en el cajón durante nueve años. Coover y su colega Fred Joyner decidieron retomar el invento del primero mientras trabajaban en otro proyecto militar y descubrieron que la sustancia tenía propiedades increíblemente adherentes.

Super Glue aterrizó primitivamente en el mercado con Eastman #910 y después pasó a ser denominado Eastman 910. Tras probar con nombres con tan poco "punch" el pegamento fue rebautizado como Loctite 404 Quick Set y posteriormente como Super Glue.

Conviene hacer notar el Super Glue se utilizó eventualmente con fines militares. En Vietnam los médicos utilizan este producto para hacer puntos de sutura sin hilo y aguja.

4. Sacarina

La omnipresente sacarina nació en realidad como un viscoso ungüento derivado del carbón de color negro azabache pensado para tratar la psoriasis y para preservar las traviesas de ferrocarril.

Por eso, cuando Constantin Fahlberg, estudiante de química, estaba manipulando este producto en un laboratorio de la Universidad de Johns Hopkins una noche del año 1878, sus pensamientos tenían en realidad poco o nada de azucarados.

Sin embargo, tras abandonar el laboratorio y regresar a casa, Fahlberg constató que el pan y todos los alimentos que se llevaba a la boca tenían un sabor más dulce de lo habitual.

El científico había olvidado lavarse las manos y había "contaminado" así accidentalmente su cena con el compuesto químico con el que había estado trabajando previamente en el laboratorio.

Así nació la sacarina, un producto 300 veces más dulce que el azúcar y con la ventaja de albergar cero calorías en sus entrañas.

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