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Estamos ante el fin de la rutina y el comienzo de una nueva era a la hora de comunicarnos y compartir

Los tiempos están cambiando y estamos en un momento en el que el modo de comunicarse, aprender, compartir y tomar decisiones son totalmente diferentes.

Uno de los principales motivos que han propiciado este cambio son las redes sociales, en las que, según Nielsen, la gente invierte un 22,5% del total del tiempo dedicado a la red. El tamaño actual de Facebook es similar a la totalidad de internet en 2004. Hay más de mil millones de personas dentro de esta red social, lo que supone aproximadamente el 12% de la población mundial. Y Twitter tampoco se queda atrás, con más de 200 millones de usuarios.

Así, el campo de la comunicación y todo lo que se ve afectado por la interacción humana es ahora totalmente diferente. Este es un cambio cada vez es más generalizado y, probablemente, sea algo irreversible.

Los medios sociales son tan sólo una de las vías que se pueden utilizar para llegar hasta la gente. Lo social, móvil, virtual, la realidad aumentada, y todo lo demás nos obliga a adaptar nuestra historia, así como nuestra propuesta de valor, a la vez que intentamos extender nuestro alcance para formar parte de comunidades que en realidad no existen, aunque no nos demos cuenta.

Los consumidores conectados se extienden a través de todos los grupos demográficos y de edad. Esta tecnología se ha instalado a lo largo de la generación Y, X y del Baby Boom. El ADN común de los clientes conectados no discrimina por edad o cualquier otro detalle demográfico. Está más cerca de la psicología o los intereses comunes.

La conversación en la red no se basa en genéricos, ni comentarios sin sentido. El consumidor conectado de hoy es muy influyente. Lo que experimenta, apoya o comparte a través de estas redes moldea y dirige las impresiones, decisiones y experiencias de otros.

Los datos que se reciben a través de la red son importantes para saber lo que la gente está intentando alcanzar, cómo se conectan, qué comparten, qué valoran y cómo conectar con ellos. A partir de ahí, los siguientes pasos son la creación de una estrategia comunitaria que extienda su visión, misión y valor, además de alinearlo con los intereses y comportamientos de las personas que desee alcanzar.

Para poder alcanzar una nueva relevancia conviene tener en cuenta una serie de pasos. Por ejemplo, saber por qué se debe participar en las redes sociales o por qué alguien querría colaborar. Observar las cosas en común para así definir cómo se puede agregar valor a la conversación también es importante, además de identificar las voces influyentes y establecer una relación y diálogo con ellos.

Otro modo de mejorar es estudiar las mejores prácticas, no sólo de organizaciones similares, sino de todo aquel que esté alcanzando con éxito a su público. Se deben escuchar las conversaciones y aprender de la actividad, así como adaptar los intereses para dirigirse a un compromiso basado en el entendimiento.

Invertir en el desarrollo de contenidos promoviendo la participación, así como construir una comunidad, invirtiendo en valores y ofreciendo un valor tangible.

Vivimos en la era del darwinismo digital, con la evolución del comportamiento del consumidor cuando la sociedad y la tecnología evolucionan más rápido que la propia capacidad de adaptación.

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