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Horror (y fraude) en el supermercado: estas son las artimañas en las que echa anclas la

Tendencias en MarketingLa "reduflación" se ha disparado hasta límites insospechados en EE.UU.

"Reduflación": así dan los supermercados gato por liebre al consumidor

Horror (y fraude) en el supermercado: estas son las artimañas en las que echa anclas la "reduflación"

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Muchos supermercados se rigen en EE.UU. por la máxima de "menos por más". Y lo cierto es que la "reduflación" escapa a la mirada de buena parte de los consumidores.

Da igual si el consumidor arroja el carrito de la compra pasta de dientes, papel higiénico o comida para perros. Ningún producto se zafa al otro al otro lado del charco de las ponzoñosas garras de la «reduflación».

Muchos supermercados se rigen allende los mares por la máxima de «menos producto por más dinero». Y buena parte de los clientes no son ni siquiera conscientes de las tropelías cometidas en nombre de la ubicua «reduflación».

De esas tropelías sabe mucho Edgar Dworsky, un detective que hace gala de su pericia en el arte del espionaje en los supermercados. En el punto de venta el bueno de Dworsky no solo no quita ojo a clientes potencialmente sospechosos sino que no aparta tampoco la mirada de aquellos fabricantes que intentan dar gato por liebre al consumidor.

En las últimas semanas Dworsky, que otrora se desempeñaba profesionalmente como fiscal, ha pillado con las manos en la masa a decenas de marcas. Una de ellas es, por ejemplo, la marca de papel higiénico Sparkle, que redujo clandestinamente las hojas de papel agazapadas en sus rollos de las 116 a las 110 unidades.

La «reduflación» se dispara en Estados Unidos

Sin embargo, y tal como demuestra Dworsky con pruebas fotográficas, el precio de los paquetes de papel higiénico de Sparkle no ha sufrido mengua alguna.

Otros fabricantes han apostado también por un enfoque similar al utilizado por Sparkle. Y no es inusitado constatar cómo las cajas de cereales encogen de repente para albergar en su interior una ración menos o cómo las bolsas de patas contienen más aire que producto en sí.

El objetivo de la investigación forense emprendida por Dworsky es poner bajo la lupa la denominada «reduflación» en Estados Unidos (disminuir la cantidad de producto alojado en los envases sin disminuir su precio o en su defecto aumentándolo).

Pese a que la inflación no deja de acaparar titulares en los medios de comunicación, la «reduflación» pasa mucho más de puntillas entre los profesionales de la información. ¿Quién se pone a contar, al fin y al cabo, el número de patatas que se abren paso en una bolsa?

Apoyándose en la «reduflación» muchos fabricantes evitar alienar al consumidor con incrementos en los precios de sus productos. Y este siente que algo ha cambiado en los productos que adquiere en el supermercado, pero no es plenamente consciente de la magnitud del cambio, denuncia Dworksy en declaraciones a Spiegel.

Cuando la «reduflación» resulta demasiado evidente como para que el consumidor la pase por alto, los fabricantes se descuelgan con nuevas denominaciones que sugieren mejoras en sus productos que no son en realidad tales.

Ningún producto logra resistir las embestidas de la «reduflación»

Aunque la «reduflación» no es en modo alguno un fenómeno nuevo allende los mares, en los últimos meses se ha salido a todas luces de madre. Para las marcas se trata de una triquiñuela más o menos elegante para mitigar los costes sin que sus márgenes operativos se vean afectados de manera intolerable.

Ted Jenkin, responsable de Oxygen Financial en Atlanta, cree que la «reduflación» actual presenta muchas concomitancias con la sufrida por los estadounidenses allá por los años 70. «La ‘reduflación’ está sacando a relucir de nuevo su rostro más feo», asegura. Y desde el punto de vista del consumidor es peor que el tradicional aumento de precios, argumenta el consultor financiero. Al fin y al cabo, nada escapa de las fauces de la omnipresente «reduflación».

Conviene además hacer notar que la «reduflación» no es la única forma de tomar el pelo al consumidor. También los son la «skimpflation» (reducción de la calidad del producto o servicio ofertado) y el «drip pricing» (sumar cargos adicionales al final de un pedido online) son solo dos de ellas. Esta última estratagema echa anclas en una distorsión cognitiva firmemente apalancada en la mente del consumidor: quienes están convencidos de tener una ganga en el carrito de la compra no la retiran de allí jamás (aun cuando no resulte después tan económica). Este método ha sido siempre muy popular entre las aerolíneas y las compañías telefónicas, pero cada vez más compañías se aferran al «drip pricing» y cobran cargos adicionales (y casi ocultos) al cliente.

En cuanto a la «skimplation», esta argucia es particularmente popular entre los establecimientos hoteleros, que han dejado fuera algunos de sus servicios (la limpieza de las habitaciones o los «amenities», por ejemplo) con la excusa de bajar (supuestamente) sus precios.

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