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La ciencia asegura que todos podemos ser personas creativas, si aprendemos cómo

La historia de la humanidad también es una historia de genios creativos. Ludwig Van Beethoven, William Shakespeare, Steve Jobs o Bob Dylan son figuras históricas que llevaron al máximo la capacidad de su genio creativo. Pero hasta ahora hemos calificado a estos monstruos de la creatividad como genios de la naturaleza, personas cuyo talento es producto de un don divino o una mutación genética que sólo llega a un número limitado de personas. Pero los nuevos estudios parecen decir todo lo contrario: cualquiera puede ser creativo.

La creatividad no debe ser vista como algo de otro mundo. No se debe pensar en ella como en un proceso reservado a artistas e inventores y el resto de ‘tipos creativos’. La mente humana, después de todo, tiene el impulso creativo construido sobre su sistema operativo, guardado en su código de programación más esencial”, asegura Jonah Lehrer en Imagine, su nuevo libro.

De hecho, Imagine es el análisis de los trabajos internos de lo que llamamos imaginación, centrándose en la neurociencia detrás de determinadas ideas, de cómo el cerebro soluciona determinados problemas y qué circunstancias y características personales son las que ayudan a fomentar esa capacidad creativa. Al mismo tiempo, Lehrer destaca en su obra que hay fuerzas externas que influyen en el proceso creativo y, gracias a esto, es posible diseñar un espacio de trabajo con el que aumentar las posibilidades de tener una revelación creativa.

Eso sí, Lehrer deja clara una cosa, y es que la creatividad no es un súper poder y, si bien todo el mundo puede ser creativo, hace falta trabajar muy duro para conseguirlo. “Necesitamos aspirar a un genio excesivo”, asegura.

Para Lehrer, la creatividad puede enseñarse, es posible aprender a mejorar la imaginación. Y es en proceso creativo, el estado perfecto de la creatividad, como asegura el violonchelista franco-chino Yo-Yo Ma, es el de la “locura controlada”. Una creatividad, asegura Lehrer, que “ocurre cuando nos dejamos ir, permitiendo que la mente invente sin preocuparnos de lo que está inventando”. Y es la creatividad en la que suelen confiar los niños, en gran parte porque no tienen elección: “partes del cerebro asociadas con el control de los impulsos siguen sin desarrollar, son incapaces de censurar su imaginación, de controlar su expresión”. Y esto puede significar que “podemos recuperar la creatividad que hemos perdido con el tiempo, que podemos aprender a pensar otra vez con la ‘locura controlada’”, explicó Lehrer en una entrevista con Mashable.

“Creo que el fracaso del brainstorming es inseparable de su atractivo, que es lo que nos hace sentir bien con nosotros mismos. Un grupo de personas se reúnen en una habitación y deben asociarse libremente, sin permiso de crítica. Después de un tiempo, la pizarra se llena de ideas. Todo el mundo ha contribuido, nadie ha sido criticado”, asegura Lehrer. “Lamentablemente, las pruebas indican que una abrumadora mayoría de estas asociaciones libres son superficiales y la mayoría de sesiones de brainstorming inhiben la productividad del grupo”, añadió.

Por otro lado, no hay que olvidar que para innovar, en la mayoría de los casos es necesario fracasar, “porque la innovación es dura. Si fuese fácil inventar una idea, esa idea ya existiría. El éxito creativo no trata sobre evitar el fracaso. Trata de fracasar lo más rápido posible, yendo a través de caminos interminables hasta que la idea es perfecta”.

¡Más inmigrantes! Las cifras hablan por sí solas”, añadía Lehrer”. Y es que, según las cifras que recoge la Oficina de Patentes de Estados Unidos, los inmigrantes inventan patentes al doble de velocidad que los no inmigrantes, “lo que es la razón por la que un aumento del 1% de inmigrantes con grados universitarios genera un aumento del 15% en la producción de patentes”, aseguró Lehrer.

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