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La época dorada de la publicidad ha terminado, ¡larga vida al storytelling!

storytellingEvitar la publicidad es algo que los consumidores han hecho desde el principio de los tiempos, no solo en el mundo digital sino que, incluso cuando el medio publicitario por excelencia, la televisión era el rey de los hogares, todo el mundo se levantaba en los cortes de la programación ya fuese para acudir a la nevera en busca de provisiones o para hacer una visita al baño.

Y es que, los anuncios nunca han sido un formato que agradase a los consumidores, nunca han sido vistos como algo que el público quiera consumir, sino como eso que se interpone entre lo que la audiencia realmente quiere ver.

Así, lo expone Scott Donaton, chief content officer de Digitas Studio en Adweek, que reflexiona sobre la transformación casi obligatoria de la industria marketera gracias a la aparición de los nuevos servicios digitales.

Sin embargo, aunque ocurre con la gran mayoría de anuncios, no todos son evitados por los espectadores. De hecho, la buena publicidad, esa que es reconocida y galardonada como auténticas obras de arte originales, son disfrutadas por millones de personas. ¿Por qué? Por el simple hecho de que cuentan historias.

La clave de la publicidad hace mucho tiempo que dejó de ser la de atrapar a la audiencia para vender productos a cambio de obtener, entre bombardeo de anuncio y anuncio, un tiempo de su programa favorito, para convertirse en una manera de demostrar lo buena que es una marca conectando, emocionando, contando.

Y la narrativa publicitaria ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años por una sola razón: el empoderamiento del consumidor.

Cada paso en el mundo digital, desde el iPod eliminando la tiranía del álbum para ofrecer tan solo las canciones que desea adquirir el consumidor, pasando por el fenómeno ad blocker, han ido proporcionando un mayor poder de elección a la audiencia que es ahora la que elige lo que quiere y lo que no quiere ver.

Con 200 millones de usuarios del software de bloqueo de anuncios en todo el mundo, el mensaje tanto para marketeros como para medios: los usuarios eliminan los anuncios porque se han vuelto cada vez más molestos y mediocres y son vistos como el hermano gemelo malvado de la industria de los contenidos.

Durante décadas se ha creído que la audiencia nunca estaría dispuesta a pagar por los servicios y, sin embargo, el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio y las excusas que durante largo tiempo han mantenido los marketeros han caído por su propio peso. Y para muestra los servicios como Netflix, Hulu, Amazon o Spotify, cuyos usuarios de pago se cuentan por millones.

La conclusión es sencilla, el público solo está dispuesto a pagar para consumir lo que quiere, cómo quiere, dónde quiere y cuándo quiere y esto es el resultado del empoderamiento del consumidor.

Este fenómeno quizá haya beneficiado en mayor medida a la audiencia pero, de manera colateral, también las marcas se han visto beneficiadas o al menos, así deberían entenderlo.

Esta mayor exigencia solo hace que los anunciantes no tengan más remedio que estrujarse los sesos desterrando mensajes intrascendentes para su target y comiencen a optar por añadir valor a sus mensajes construyendo espacios narrativos que entretengan, eduquen, inspiren y cambien las vidas de los receptores.

La época dorada de la publicidad puede que haya llegado a su fin, pero, desde luego, la era dorada del storytelling solo acaba de comenzar.

 

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