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Compramos un 60% más de ropa que hace una década

La industria de la moda ostenta la medalla de plata en contaminación

Redacción

Escrito por Redacción

Los nuevos hábitos y tendencias hiperconsumistas está llevando la situación a límites insostenibles, por lo que surgen las voces que piden un cambio

¿Cuándo fue la última vez que te compraste ropa? Seguramente no hace mucho. Parece que la tendencia al hiperconsumismo que se ha generado en los últimos años alrededor de la industria de la moda es cada vez mayor, y con ella también el gran impacto ocasionado al medioambiente. De hecho, según informa la ONU, esta industria es la segunda más contaminante del planeta. Sólo hay que fijarse en los datos: para confeccionar unos vaqueros se necesitan unos 7.500 litros de agua, que es la cantidad equivalente a lo que bebe una persona de media en 7 años.

La producción de nuevas piezas de ropa se ha multiplicado de manera vertiginosa en los últimos años, pasando a ofrecer nuevas prendas prácticamente cada dos meses, para tentar al consumidor y conseguir que siga comprando. Sin ir más lejos, cifras actuales indican que el consumidor de hoy en día consume un 60% más de ropa por término medio en comparación con hace 10 años. «Vivimos en una sociedad meramente consumista y todo este consumo excesivo provoca altos niveles de contaminación», comenta Judit Barrullas, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC

De esta manera, la ropa que antes nos duraba más de quince años, ahora normalmente se tira en la mitad de tiempo, muchas de ellas incluso no pasan de los diez usos antes de ser tirada a la basura y reemplazada por otra nueva.

Esto es debido, en buena parte, a la gran cantidad de ropa low cost que se produce, que es más fácil de crear y supone un ahorro de tiempo importante. Toda esta moda rápida o fast fashion, deriva de la globalización generada con la entrada del nuevo milenio, cuando muchas empresas decidieron mover la localización de sus fábricas a lugares donde pudieran abaratar los costes de la mano de obra. «Se dio una época de crisis económica en que estos productos baratos encajaron gracias a la pérdida de poder adquisitivo de la sociedad, y en época postcrisis se ha mantenido porque permite cambiar de ropa con más frecuencia», ha explicado Soler.

Movimientos anti-compra

Esta situación es tan insostenible que en países como Suecia que abogan de manera alta y clara por una mayor concienciación medioambiental, se ha producido un movimiento en contra de este hiperconsumismo en el mundo de la moda. «La vergüenza de comprar» o «köpsam» en su nombre original, pide que se reduzca el consumo obsesivo de ropa y se piense en el gran coste climático que esto supone. «Se deriva de la necesidad de hacer entender a la industria que su producción debe ser sostenible», ha dicho Soler, también investigadora del grupo i2TIC de la UOC.

Este fenómeno que cada vez va contando con más adeptos, reclama que se pare la fiebre actual que gira en torno a influencers y celebrities pues son los que se dedican a mostrar y presumir cada dos por tres de sus nuevas compras en las redes sociales.

Pero este movimiento que ve cada día peor este derroche innecesario, no se concentra solo en el köpsam. En otros países ya se ha instaurado el no-buy year, que anima a que la gente no compre nada de ropa durante un año, para darnos cuenta de la poca necesidad que hay de hacerlo, o al menos, de hacerlo con tanta frecuencia. «Las marcas y los influencers deberán adaptarse a la tendencia de no consumir por consumir y la industria deberá producirse a partir de fibras y materiales ecológicos si no quiere verse afectada», afirma Soler.

Una presión medioambiental cada vez mayor

El sector advertía que en 2030 la presión medioambiental y social sería tanta que llegaría «hasta el punto de amenazar el mismo crecimiento de la industria». «Llegará un momento en que este derroche estará tan mal visto como hoy lo es no reciclar la basura», afirma Barrullas, pero alerta de que «queda mucho camino por delante: hemos tardado muchos años en tener esta mala imagen».

De momento, parece que las cosas van cambiando y cada vez se ejerce más presión para que así sea. De hecho, según un estudio de Nielsen realizado en 2015, un 66% de la población milenial mundial estaba dispuesta a comprar prendas de ropa que tuvieran la etiqueta de sostenible, a pesar de que fueran más caras. Los expertos creen que son los jóvenes, con la nueva educación más comprometida con el medio ambiente que reciben en los colegios, los que pueden motivar sobre todo este cambio. Como dice Soler, «los Z son los que motivarán el cambio, porque se les educa desde la escuela en la responsabilidad de hacer un mundo más sostenible».

El cambio de mentalidad que se está generando parece que ya empieza a afectar al sector en todos los ámbitos. Forever 21, la empresa de ropa de bajo coste dirigida especialmente a los más jóvenes, se declaró este septiembre en quiebra. Por otra parte, surgen nuevos negocios de alquiler de armarios o prendas como Rent the Runway, se crean nuevas líneas ecológicas dentro de grandes marcas de ropa rápida como Arket, de H&M o, se va innovando y apostando por materiales más resistentes como el Blocktech, que utiliza la empresa Uniqlo.

Además de reducir ese consumo de ropa, también hay que intentar apostar por su reciclaje y reutilización, ya que hoy menos del 1% del material que se utiliza para producir ropa se recicla en «ropa nueva», lo que supone una pérdida de más de 500 mil millones de dólares, según datos ofrecidos por la Fundación Ellen McArthur. «Se basa en el hecho de que una prenda alarga la vida una vez rechazada; de esta manera no se incrementa el desuso de muchos productos y se consigue que tengan una vida útil o nueva», explica Barrullas.

El cambio en los nuevos hábitos de consumo se está produciendo, poco a poco, pero va avanzando. En Francia, por ejemplo, esta visión va calando cada vez más en la gente, donde según Kantar Media, en el año 2018 ha habido una reducción del 3,6% en el gasto de ropa y un 30% de su población ya ha optado por la compra de artículos de segunda mano.

Por lo tanto, es importante que la gran industria de la moda empiece a pensar en nuevas maneras de producir, que estén en consonancia con las necesidades de nuestro planeta y de la sostenibilidad que se reclama.

 

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