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LA MODA DE LA PIEL BLANCA AZOTA ÁFRICA Y ASIA

En muchos países de África, Asia y entre las minorías inmigrantes de países desarrollados surge la tendencia de el blanqueamiento facial, una técnica que se sirve de peligrosas sustancias para lograr rebajar uno o dos tonos el color natural de la piel.

Esta cosmética implica riesgos que muchas veces son ignorados por los consumidores, que no son solamente mujeres, que se someten a la acción del mercurio, la lejía y la hidroquinona en proporciones prohibidas con el sueño de parecerse al ideal occidental de belleza.

“En muchos países asiáticos, mantener una piel blanca era un rasgo femenino, pero ahora, además, con campañas agresivas y racistas, tiene un signo de modernidad y es aceptado por toda la sociedad”, explicó a El País Amina Mire, profesora del Departamento de Antropología y Sociología de la Universidad de Carleton en Canadá.

Sin embargo, estos esfuerzos pueden resultar vanos, ya que la piel puede reaccionar engrosando su capa superficial para protegerse de esta agresión u oscureciéndose para hacer frente la quemadura química que le provocan estas lociones, si es que el consumidor no acaba padeciendo cáncer de hígado debido a la alta toxicidad de estas sustancias.

En muchos países la publicidad asociada a estas cremas, que muchas veces son producidas por filiales de grandes marcas como L’Oreal o Pons, cuidan la salud de los clientes pero refuerzan prejuicios raciales asociados al colonialismo imponiendo un ideal de belleza foráneo e imposible de alcanzar.

Aunque el mercado de estas cremas sea variado y se encuentren productos adaptados a las necesidades de os más pobres, que pagan menos de dos euros por un envase, en el mundo desarrollado también se venden estos productos, que son los mismos que se utilizan para acabar con las manchas solares y de edad, producidas por el exceso de exposición al sol, al que se someten las mujeres occidentales como parte de su ideal de belleza.

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