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LA MODA TAMBIÉN PIENSA EN VERDE

Es un gran interrogante. ¿El desarrollo sostenible no es más que una moda a la que las multinacionales se apuntan para llenar las arcas, o supone una toma de conciencia real con los problemas del planeta? Todavía no hay una respuesta clara, pero lo cierto es que nadie quiere quedarse fuera del rentable mundo ecológico.

La importancia que ha ido cobrando lo verde ha sido creciente desde finales de los 90. El tópico de ecologismo asociado a hippies idealistas salidos de Greenpeace o a utópicos estancados en Mayo del 68 ha pasado a mejor vida. Ahora se integra en el más férreo capitalismo y sirve a los intereses “marketinianos” de las más grandes.

“Por una parte, está el componente de marketing, ya que si este tipo de moda no se vendiera, las firmas dejarían de publicitarla y de fabricarla. Pero, por otro lado, se requiere que la compañía tenga una cierta sensibilidad hacia estos temas”, señaló a Expansión Sara del Río, responsable de la Campaña de Contaminación de Greenpeace.

Todos los sectores están volviendo la vista hacia los eco productos y la moda no podía quedarse fuera. La automoción y la alimentación han sido pioneras y parece que el textil está irrumpiendo con fuerza: Estella McCartney, Giorgio Armani, H&M, Zara o Levi´s, modistas y prêt-a-porter luchando por un objetivo común: una menor contaminación y un comercio más justo.

Las industrias textiles se encuentran entre los cuatro primeros puestos en cuanto al uso de recursos naturales según la Environmental Protection Agency. Para del Río existen tres pilares sobre los que deben empezar a construir para que la moda ecológica se extienda y perdure: medio ambiente, la salud de los consumidores y las condiciones de trabajo de los empleados.

Para poder empezar a trabajar sobre estos supuestos es necesario elaborar un plan de reestructuración que resulte viable y que no cause pérdidas irrecuperables a las compañías. Por lo pronto la UE ya ha puesto en vigor una ley para medir las sustancias químicas tóxicas, llamada Reach.

Los cambios que del Río sugiere y que opina no supondrán para las empresas más que una revisión en la cadena de producción son los que afectarán al uso de tejidos naturales como el cáñamo o el bambú y el desarrollo del producto en suelo nacional para evitar desplazamientos innecesarios que sólo aumentarían la cantidad de CO2 emitida a la atmósfera.

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