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Las cadenas de TV y la publicidad interruptiva siguen viendo la tecnología como una amenaza a su modelo

La tecnología y la publicidad de interrupción siguen sin ponerse de acuerdo. El último caso lo ha protagonizado Dish Network, una empresa de cable que se ha puesto del lado de sus clientes ofreciéndoles la posibilidad de ver los programas de televisión que han grabado sin publicidad.

La oferta se basa en la tecnología Hopper, un sistema que permite, por ejemplo, que un contenido grabado pueda ir saltando de habitación en habitación, ajustar el volumen para evitar las subidas durante los cortes publicitarios o, lo más interesante para los espectadores, detectar los cortes de anuncios y saltárselos automáticamente. Unas acciones que realmente los espectadores llevan tiempo haciendo manualmente, pero que Hopper automatiza y ofrece a los clientes de Dish Networks.

Pero a las cadenas de televisión no les ha gustado nada. CBS, Fox y NBC han denunciado a Dish Networks, alegando que la copia de los programas no está autorizada y que este modelo puede destruir todo el ecosistema de contenidos soportados por publicidad. Por su parte, Dish Networks alega que ya ha pagado por los derechos de retransmisión de esas cadenas y que lo que hace es ofrecer esos contenidos a unos clientes que podrían consumirlos por otras vías. Según la compañía de cable, los espectadores tienen derecho a elegir lo que quieren o no quieren ver y, lo que ofrece a través de Hopper, no es nada que los clientes no hicieran anteriormente al hacer zapping, pasarlos si lo que ven es grabado, o hacer otra cosa durante el corte publicitario.

El problema es que los anunciantes, al ver que sus anuncios pueden ser ignorados, pagarán menos por ellos. Aunque, según explica Enrique Dans en su blog, es posible que esta situación esté poniendo en contexto “lo que realmente vale una publicidad en televisión claramente sobrevalorada por su teórico alcance generalista, que no puede ser medida ni evaluada” y que ha recurrido a fórmulas de las que se ha abusado que han terminado por saturar al espectador.

“El futuro de la televisión comercial como la conocemos está en juego”, asegura Dans. Aquellos programas en directo parece que se mantendrán a salvo, pero el resto de contenidos, aquellos que podemos grabar y consumir en cualquier otro momento, son parte “de una gran mentira”. Los carísimos anuncios de televisión están perdiendo alcance y eficiencia ante los cambios de hábitos en los espectadores y las nuevas posibilidades que se abren con la tecnología. Al mismo tiempo, los precios de la publicidad caen y los anunciantes van migrando hacia medios con posibilidades más favorables y una relación con el usuario más ventajosa.

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