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Las marcas tienen que pensar en la nueva generación de "papás"

El entorno laboral está cambiando. Profesiones típicamente dominadas por los hombres ahora se están transformando a medida que el panorama profesional se reinventa. El número de jóvenes desempleados entre los hombres es superior que entre las mujeres, además de que hay dos mujeres por cada hombre en la universidad.

Una situación que también tiene mucho que ver con la nueva paternidad. El problema es que los padres, y especialmente los más jóvenes, creen que el sistema está contra ellos. Según un estudio de The Parenting Group, el 82% de los hombres con hijos menores de dos años en Estados Unidos cree que hay una discriminación social contra los padres, un porcentaje que disminuye hasta el 66% entre el total de padres.

Los padres siguen sintiendo, cuando salen con sus hijos al parque o a hacer la compra, que no encajan con la corte de mamás y niñeras que encuentran en las áreas infantiles. De hecho, muchos consideran que, mientras que se les pide que se encarguen de una parte de las tareas del hogar y el cuidado de los niños, el crédito que se les da en estas tareas no es igual. Pero lo cierto es que, según un estudio de Strategy One, los padres se encargan de un gran número de tareas relacionadas con sus hijos, como cambiar pañales, inculcar disciplina, preparar a los niños al colegio o incluso cuidar de ellos cuando se ponen enfermos; actividades de las que se ocupan “mayoritariamente” o “siempre” en un alto porcentaje: entre un 40% y un 55%.

Eso sí, hay que tener en cuenta que estos estudios tienen mucho más que ver con la percepción que con la realidad. En la segunda parte del estudio padres y madres respondieron a una serie de preguntas iguales y, mientras un 70% de los padres afirmaba que hacía la compra, sólo el 36% de las madres aseguraba que eran ellos quienes se encargaban. En otra parte de la encuesta, se preguntó a padres y madres cómo se dividían las tareas del hogar: sólo el 32% de los padres, del 70% de aquellos que aseguraban que hacían la compra, aseguró que su padre hacía la compra en casa.

Pero todo esto tiene implicaciones, y muy importantes para las marcas. En primer lugar, hay que tener en cuenta que, en tan sólo una generación, ha cambiado el papel de los padres de forma dramática. Además, los padres se han sabido adaptar a estas nuevas circunstancias, o al menos muchos de ellos, en el cuidado de sus pequeños. Y, por último, estos padres no creen que la sociedad les esté dando el crédito que merecen por lo que hacen en casa.

Y hay más: esta percepción es algo que los anunciantes deben tener muy en cuenta y hablar de ello. Desde luego, ya se puede empezar a discutir el “bueno, los padres creen que aportan algo, pero todos sabemos que son las madres las que hacen todo el trabajo y toman las decisiones, por lo que al final dirigiremos un montón de millones en marketing para ellas”.

Pero, ¿por qué no gastar una porción de ese esfuerzo en que los padres tengan más influencia sobre las decisiones de la que creen que tienen? Si el papel de los padres ha cambiando, ¿no deberían cambiar las marcas también?

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