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Los errores de los líderes que hablan por los codos y no escuchan

Los líderes (que no escuchan) se dan de coscorrones contra estos 5 muros

Quienes son líderes están obligados a comunicarse adecuadamente con los demás y ello implica tanto emitir información como escuchar a quienes están a su alrededor.

líderesQuienes tienen la vitola de líderes están obligados a ser extraordinariamente diestros en el arte de la comunicación. Y para comunicarse de manera eficiente con los demás los líderes deben no sólo emitir información de manera apropiada sino también abrir muy bien las orejas para escuchar lo que sale de boca de sus subalternos.

¿El problema? Que muchos líderes padecen de sordera y, obsesionados con sus ideas presuntamentamente pluscuamperfectas, son incapaces de fijar su dispersa atención en lo que tienen a bien decir quienes están a su alrededor.

Para ser mejores escuchantes y, por ende, también mejores líderes quienes ocupan cargos directivos deben aprender a identificar las barreras que se interponen en su camino y que les impiden arrojarse en los brazos de la mejor versión de sí mismos. Esas barreras son las que disecciona a continuación Inc.:

1. Leer mentes

A los líderes les encanta jugar a leer mentes y tratar de descifrar lo que piensan y sienten las personas que tienen frente a sí. Y en su papel de “lectores de mentes” pierden inevitablemente la concentración en las palabras que emergen de sus interlocutores y terminan no escuchando todo aquello que no sean sus propias ideas.

2. Filtrar

Es perfectamente natural (pero también pernicioso) escuchar algunas cosas y no prestar atención a otras. Cuando los líderes ponen filtros a lo que llega a sus oídos, tienden a no escuchar todo aquello que suena mínimamente negativo, crítico y amenazante. Y pierden así la pista a un “feedback” extraordinariamente valioso, puesto que para mejorar hay que poner nombres y apellidos a todo aquello susceptible de mejora.

3. Juzgar

No juzgar a los demás es todo un desafío para los líderes, en particular cuando tienen que lidiar con empleados que son, a juicio, problemáticos. Cuando se ponen sobre los ojos las gafas de los prejuicios, los líderes desacreditan o directamente no prestan atención a las palabras de sus interlocutores, a quienes juzgan antes siquiera de haber escuchado.

4. Aconsejar

Algunos líderes se empeñan en regalar consejos a todos aquellos que se topan en su camino. ¿El problema? Que parapetándose tras la pantalla de dispensadores de consejos (no solicitados) no se toman la molestia de escuchar a sus subordinados, a quienes proponen soluciones que quizás no son las más adecuadas a los problemas que ponen sobre la mesa.

5. Estar siempre en lo cierto

A muchos líderes se les hace cuesta arriba admitir que están equivocados. Y por eso hacen oídos sordos a las críticas, no admiten réplicas y no escuchan sugerencias de cambio. Sus convicciones son absolutamente inamovibles, creen que están siempre en lo cierto y no quieren ni oír hablar de sus posibles errores (porque tales errores  son directamente imposibles).

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