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La publicidad que vemos de niños se queda pegada como una lapa a nuestros cerebros adultos

publicidadDicen que la mejor fórmula para meterse en el bolsillo al consumidor es irse ganando poco a poco su confianza desde niño. La famosa cadena de comida rápida McDonald’s es toda una experta poniendo en práctica esta fórmula. Y lo cierto es que no le va nada mal con ella.

Pues bien, una serie de estudios llevados a cabo por la Escuela Eller de Dirección de la Universidad de Arizona y la Escuela de Negocios de la Universidad de Stony Brook confirman que la publicidad que las marcas nos inoculan en el cerebro desde niños se dejan notar después en nuestros comportamientos como adultos.

Esta serie de informes revela que, enfrentados a dos tipos de cereales azucarados, uno vinculado a un personaje de nuestra infancia y otro a un personaje actual, tendemos a contemplar los segundos como más saludables que los primeros.

Pese a que nuestros cerebros adultos están expuestos a información objetiva sobre lo que es realmente saludable en términos de nutrición, la publicidad que hemos visto de niños se deja notar en nuestros favoritismos hacia determinadas marcas.

Además, los anuncios que vemos durante nuestra infancia echan anclas con tal fuerza en nuestro cerebro que sus efectos se extienden también a productos nuevos pero asociados a las mismas marcas cuya publicidad veíamos de pequeños.

¿La conclusión? Que por mucho que pensemos que, cuando vamos al supermercado tomamos decisiones verdaderamente adultas, tales decisiones echan raíces en realidad a la publicidad que veíamos siendo niños.

“Durante el último medio siglo hemos estados rodeados de mucha publicidad dirigida directamente al público infantil”, explica Merrie Brucks, una de las profesoras que está detrás de esta serie de estudios. En este sentido, “los padres deberían considerar que sus opiniones sobre los productos de los que vieron anuncios siendo niños podrían estar adulteradas”, añade.

Para evitar que las publicidad siga manipulando nuestro cerebros desde niños, los autores de esta serie de estudios recomiendan a los padres que enseñen a sus hijos a distinguir los dibujos animados y contenidos infantiles de lo que son simplemente anuncios con fines comerciales.

De todos modos, el poderoso influjo de la publicidad infantil podría utilizarse también para una buena causa, para informar desde su más tierna infancia a los más pequeños de las casa de los efectos perniciosos para la salud del consumo de tabaco y alcohol, por ejemplo.

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