Tendencias

Un 40% de los jóvenes sabe qué es y un 31% suele consultarlos al elegir libro

Los booktubers lideran el cambio en las tendencias de lectura entre los más jóvenes

Su labor ha acercado a multitud de jóvenes a la lectura, a pesar de las críticas que reciben desde el ámbito educativo, y presentan además una gran oportunidad comercial para las editoriales

booktubers

La edición de 2018 del Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros, elaborada por la Federación de Gremios de Editores de España, desvela que los jóvenes entre 14 y 24 años siguen siendo el segmento de población que más lee en nuestro país. Coincidentemente, la mayoría de lectores adultos (67%) considera que este amor por la lectura surgió alrededor de los 15 años.

No obstante, parece que la tendencia de consumo y descubrimiento de libros está cambiando paulatinamente. En concreto, la recientemente creada figura del booktuber está influenciando a varias generaciones de adolescentes con su labor. Este tipo de youtuber, gracias a sus reseñas sobre libros y otros contenidos relacionados en YouTube, fomenta la lectura entre los jóvenes. Al menos, así lo indica el estudio “¿Cómo leemos en la sociedad digital? Lectores, booktubers y prosumidores” de la Fundación Telefónica.

La creciente influencia de los booktubers sobre los lectores más jóvenes queda también patente gracias al trabajo de estudiantes como Georgina Bergé. Esta estudiante de Edición Digital en la Universitat Oberta de Catalunya realizó una encuesta entre adolescentes de 12 a 17 años que finalmente demostró que un 40% de los jóvenes sabe qué es un booktuber. Es más, dentro de este grupo, un 60% afirmaba conocer el nombre de algún booktuber, y un 40% directamente era seguidor de algún canal del estilo.

“Una minoría de jóvenes lectores ha descubierto la posibilidad de convertir los canales digitales en un altavoz muy potente para compartir sus inquietudes y ampliar, gracias a ellos, la dimensión social de la lectura. El lenguaje y las virtudes del medio sin ninguna duda pueden contribuir a ampliar la comunidad de jóvenes lectores”, opina Jordi Llobet, profesor colaborador del máster de Edición Digital de la UOC.

El éxito de los booktubers es innegable, y se debe en buena medida en su naturalidad frente a la cámara, su lenguaje directo, sin complicaciones ni tecnicismos innecesarios, o el entusiasmo que transmiten en sus comentarios y opiniones sobre aquello que han leído. Según Nicole Etchevers, profesora colaboradora también en el máster de Edición Digital de la UOC, y responsable de proyectos digitales de Herder Editorial, a todo esto hemos de añadir “un entendimiento de los códigos, los lenguajes, los medios, las herramientas y los entornos de los nativos digitales”.

“Son jóvenes que hablan a otros jóvenes con su mismo lenguaje y explotando hábilmente las virtudes digitales” resume Jordi Llobet. “Únicamente tienen un reto: se hacen mayores”. Y mientras esto sucede, los booktubers aglutinan alrededor de sus canales a comunidades de lectores que rondan los 30.000 suscriptores de media. De hecho, algunos como la mexicana Raiza Revelles alcanzan el millón y medio de seguidores suscritos. Este fenómeno ha llamado la atención del sector editorial, como bien indica Amazon, que apunta que una reseña positiva en estas instancias puede aumentar las ventas de un libro hasta un 20%.

“La proximidad que muestran en las pantallas ha sido valorada por las editoriales, que los tienen en cuenta en eventos, a la vez que les envían las últimas novedades editadas con el propósito de que las recomienden en su canal”, recoge Georgina Bergé en su trabajo de fin de máster "¿Qué leen los jóvenes? Los booktubers como prescriptores de la literatura juvenil".

De este modo, la figura del booktuber se presenta para las editoriales como la de los influencers para numerosas marcas de moda, cosmética o tecnología. En ambos casos, las empresas han encontrado una enorme ventana de posibilidades para hacer visibles sus productos gracias a estos prescriptores. Eso sí, “cuanto más evidente sea dicha alianza, menor será la capacidad de influencia de los booktubers, puesto que tal evidencia puede poner en duda algunos de los valores centrales de su papel. La imparcialidad, la autenticidad, la independencia o el espíritu crítico son virtudes que pueden atraer a un público joven, "rebelde", y que pueden peligrar al constatarse ciertas servidumbres comerciales» previene Jordi Llobet.

En este sentido, Nicole Etchevers coincide en que “hay que tener cuidado en el uso que se hace de esas alianzas para no disminuir la credibilidad. Las editoriales deberían apoyar y dar voz a aquellos jóvenes que tienen algo real que aportar a sus libros, y asimismo, los booktubers deberían poder discriminar aquellos libros que destacan por algún motivo del resto, independientemente del género al que pertenezcan”.

Continúa advirtiendo que “no sirve de nada hacer un unboxing para mostrar la última novedad que ha enviado la editorial de turno y que no se aporte ningún valor añadido a esta presentación más que describir dicha novedad someramente por sus colores, páginas o cubiertas. El añadido crítico debe tener un rasgo más profundo y no mantenerse simplemente en el exterior o superficial”. Por lo tanto, “al igual que en cualquier otro sector, debe reconocerse y separarse la calidad de la cantidad; no todos los booktubers que pasan los miles (o cientos de miles) de seguidores son necesariamente buenos prescriptores. Debe darse voz a aquellos que lo están haciendo bien, no "al fenómeno" en general”.

Hablando de dicho fenómeno, es completamente comprensible su aparición y su popularidad si tenemos en cuenta que 6 de cada 10 lectores sobre los 14 años busca información y recomendaciones antes de leer un libro, según el Barómetro previamente mencionado. Un 53% recurre a sus amigos y familiares, mientras estas suscripciones en línea son consultadas por un 31% de este público. Finalmente, las reseñas en periódicos y otros medios abarcan el 10%. Dentro de las prescripciones online hay que agrupar, además, los diversos canales en que se manifiestan, como webs, blogs específicos, redes sociales, foros y el propio YouTube.

Dada esta enorme variedad de posibilidades donde hallar sugerencias literarias, es sin duda llamativa la cantidad de críticas que reciben los booktubers. “Valga como ejemplo lo acontecido en la mesa redonda del III Congreso del Libro Electrónico dedicada a los autores y booktubers en la que participaban Xavi Narro, Uka y Javier Ruescas”, recoge el informe “¿Cómo leemos en la sociedad digital?”. “En los minutos finales, una asistente criticó el trabajo que realizaban argumentando que sus recomendaciones no seguían criterios filológicos y otra les preguntó por su responsabilidad ética como prescriptores de un público en plena formación literaria, los adolescentes que los seguían”.

“Diría que es un enfoque equivocado, puesto que no puede pretenderse que estos jóvenes desarrollen un trabajo filológico de cada obra, sino que hablen y difundan desde su conocimiento, perspectiva y experiencia, pero sobre todo con sus lenguajes y códigos, sobre aquello que les ha gustado, llamado la atención o apasionado. De hecho, el criterio filológico tampoco se les pide a muchos prescriptores y reseñadores de papel”, considera Nicole Etchevers.

Para la profesora de la UOC “no importa qué criterios sigan, sino que sus argumentos aporten un valor añadido. La crítica a este fenómeno viene desde las generaciones mayores y anteriores a los millennials, que por mucho que hayamos asimilado los cambios digitales, no hemos nacido con ellos. Nuestra experiencia debe, no obstante, ayudar a estos jóvenes a crear un camino válido que sirva de cimiento para la construcción de algo nuevo y diferente, pero, a su vez, sólido y que no se diluya en la vorágine líquida, difusa y eternamente cambiante de los tiempos modernos”.

“Retomamos una eterna discusión del mundo analógico, trasladada ahora al terreno digital. Desde el punto de vista filológico, dichas críticas tienen toda la razón y estoy seguro de que las admiten los mismos booktubers; dudo que pretendan convertirse en críticos literarios y que esa sea una de sus aspiraciones. Sin embargo, desde la perspectiva del fomento de la lectura ¿quién puede cuestionar su papel como dinamizadores de la comunidad lectora en el entorno digital?”, añade Jordi Llobet.

Ante la creciente polémica desatada por este fenómeno, sobre todo en el ámbito más educativo de la lectura, la Unión Europea ha adoptado una postura clara en el marco de la estrategia Europa 2020. De esta manera, la UE establece la necesidad de los alumnos de adquirir objetivos educativos relacionados con capacidades comunicativas, lingüísticas, audiovisuales y digitales. “Todas ellas se trabajan de forma transversal al utilizar el recurso de crear o visualizar los videoblogs o booktubes dentro del aula”, recoge Georgina Bergé en su trabajo de fin de máster de la UOC.

Por tanto, si otros sectores como el editorial han sabido valorar y detectar las posibilidades que esta nueva realidad ofrece a la hora de dinamizar la lectura, es turno de que el sector educativo también lo haga. Según el trabajo de Bergé, “muchos autores especializados en el ámbito docente como Gemma Lluch, José Rovira, Agnès Toda, entre otros, recomiendan la utilización de estos videoblogs, con los cuales, si se elaboran ejercicios guiados por el profesor, no únicamente se asegura el incluir la competencia digital en las programaciones didácticas, sino que pueden ayudar también a que los alumnos muestren interés por la literatura, algo que al profesor le cuesta mucho esfuerzo conseguir”.

“Las estadísticas hablan por sí solas, y es una realidad que el público juvenil no es el más lector de "libros tradicionales". Sin embargo, es importante abrir la perspectiva de que, hoy en día, el contenido que se consume no es necesariamente el libro impreso sobre un formato papel, sino que puede ser leído en digital, en múltiples soportes diferentes, mirados o escuchados. Es importante ampliar la perspectiva e incluir aquellos otros formatos en los que los jóvenes consumen contenidos actualmente” comenta Nicole Etchevers.

Ahora bien, “qué tipo de contenidos son los que se crean y son consumidos entre los jóvenes es para mí el quid de la cuestión”, afirma Etchevers. “Para ello, debe trabajarse conjuntamente desde el sector público y el privado en educación, esto es, con gobiernos, ciudades, escuelas y entornos familiares para crear contenidos (libros, series, música, películas, programas de televisión, pódcast, etc.) con ideas y temas que contribuyan al desarrollo de adultos, ciudadanos y, al final de cuentas, personas más conscientes, éticas, responsables y solidarias”.

“Sin ninguna duda, tanto la familia como la escuela tienen la responsabilidad y deben incentivar el gusto por la lectura, aunque no solo es responsabilidad de ellas. El valor simbólico y el papel que nuestra sociedad otorgue al acto de leer será también decisivo para consolidar su pervivencia entre los jóvenes lectores”, concluye el profesor colaborador de la UOC Jordi Llobet.

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