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Toda cultura se construye sobre los cimientos de la libertad y la responsabilidad

Los 2 "madres" que amamantan a la cultura corporativa: la libertad y la responsabilidad

No se trata de cómo queremos trabajar sino de con quién queremos trabajar. Y la única respuesta la pone sobre la mesa una cultura empresarial levantada sobre los cimientos de la libertad y la responsabilidad.

cultura corporativa

Autor de la imagen: Jaime Sánchez

En el universo laboral todo parece pivotar en estos momentos en torno a una pregunta: ¿"home office" o trabajo presencial? Y lo cierto es que si profundizamos un poco esta cuestión (que no es en modo alguno una disyuntiva), la conclusión es que hay múltiples respuestas a esta pregunta (y no solo dos como parece a bote pronto).

Existe en realidad toda una pléyade de fórmulas:

- El teletrabajo puro y duro.
- Moverse constantemente de casa a la oficina (y viceversa).
- Practicar el "home office" un máximo de dos días a la semana.
- Acudir a la oficina como mucho dos jornadas cada semana.

Es evidente que entre el "home office" y el trabajo presencial en su vertiente más pura existe toda una miríada de grises. ¿Cuál es entonces la mejor solución? Ahí es precisamente donde empieza el problema, explica Thomas Canzar en un artículo para W&V.

Todos somos perfectamente conscientes de que el mundo del trabajo ha cambiado radicalmente de la noche a la mañana. Pero hay algo que no ha variado un ápice y es el hecho que solo los mejores consiguen sobrevivir.

Pensemos en empresas como Apple, Tesla, Porsche, Wieden + Kennedy o Mother. ¿Qué tienen todas en común? Que son las mejores en sus respectivos campos de actividad. Irradian atractivo por los poros y son el codiciado objeto de deseo tanto de clientes como empleados potenciales. Y si Apple, Tesla y compañía son los mejores, es por la cultura que permea todos sus procesos, que va mucho más allá del asunto (terriblemente unidemensional) si hay que apostar o no por el "home office" o por el trabajo presencial en la nueva era del coronavirus.

La nueva realidad emanada del COVID-19 pone una gran oportunidad en nuestras manos. Es, al fin y al cabo, ajena la estandarización solapada a la decisión de si debemos trabajar en casa o hacerlo en la oficina. En estos momentos no debemos quebrarnos inútilmente la cabeza con esta cuestión. Y si algo debe obsesionarnos es el desarrollo de una cultura que, apalancada en los mejores talentos y los mejores productos, coloque a nuestra marca entre las mejores.

La libertad y la responsabilidad son las dos caras de la misma moneda a la hora de hincar el diente a la cultura corporativa

Pero, ¿cómo sale del cascarón la anhelada cultura empresarial? La respuesta a esta pregunta está en la libertad, la libertad para dar rienda suelta a la creatividad más excelsa. Porque la creatividad lo cambia todo, sienta estándares y alumbra innovaciones. Y este tipo de creatividad no brota del blanco o negro (del "home office" o trabajo presencial). Esta creatividad nace del vientre de la libertad, esa que todos deberíamos enarbolar en estos momentos (aunque pueda dar miedo hacerlo a priori).

Solapada a la libertad hay, sin embargo, un pero en absoluto baladí. La libertad es, no en vano, una moneda de dos caras y en el reverso está la responsabilidad. La libertad del individuo termina, tal y como decía Immanuel Kant, donde comienza la libertad de otro. Y ello implica no contemplarnos a nosotros mismo como luchadores en solitario sino en un contexto mucho más amplio.

Significa asumir la responsabilidad por nosotros mismos y por nuestras acciones. Todos formamos parte de un equipo que logra resultados sobresalientes única y exclusivamente si nos contemplamos a nosotros mismos como algo más que campeones individuales y nadie impone su propia libertad sobre la de los demás.

En el mundo que ha salido del cascarón tras la pandemia debemos hacer no solo buen uso de nuestra libertad sino también de nuestra responsabilidad. Y sola una cultura que propicia la tensión (absolutamente balsámica) entre la libertad individual y la responsabilidad común puede engendrar ideas desembarazadas de la norma.

Cuando libertad y responsabilidad trabajan junta al alimón emerge la creatividad que lo cambia todo y dota a las marcas de un irresistible (e insustituible) atractivo de cara a sus clientes, a sus empleados y al talento que aguarda ahí fuera.

Es hora de acabar con la disyuntiva entre el "home office" y el trabajo presencial. Porque no se trata de cómo queremos trabajar sino de con quién queremos trabajar. Y la única respuesta la pone sobre la mesa una cultura empresarial levantada sobre los cimientos de la libertad y la responsabilidad, concluye Canzar.

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