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El coronavirus pone en apuros a Uber y compañía

La nueva y ambiciosa movilidad está muerta (y el coronavirus fue su sepulturero)

El mercado para los servicios de transporte de pasajeros (ya sea mediante coches con licencia VTC o "scooters" eléctricos) está contrayéndose peligrosamente y se antoja complicado que regrese a los niveles anteriores a la crisis.

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Autora de la imagen: Giovanna Simões

Cuando el COVID-19 era todavía un virus remotísimo oriundo de China y no había alcanzado el estatus de pandemia global y ciudades como Nueva York, Berlín o Pekín eran un hervidero de gente desplazándose con la inestimable ayuda de servicios como Uber, Lyft, Lime, Tier y Share Now, a estas empresas se les hacía paradójicamente cuesta arriba la generación de beneficios.

El modelo de negocio por el que se regían Uber y compañía ni siquiera funcionaba bien en época de vacas gordas. Y ahora queda más que patente que el coronavirus tendrá un impacto de primer orden en nuestros hábitos de movilidad. Incluso si una vacuna emerge tarde o temprano en el horizonte, la gente dejará de moverse como la hacía antes de la crisis. El transporte público local se quedará desgajado de relevancia. Y Uber y compañía, que otrora disfrutaban de cifras de crecimiento absolutamente meteóricas, dejarán de sonreír tan ufanos como lo hacía hasta hace poco.

El mercado de transporte de pasajeros desapareció prácticamente a mediados de marzo, cuando más y más países impusieron el confinamiento forzoso a los ciudadanos. El tráfico volverá a intensificarse una vez las restricciones vayan ganando en laxitud. Sin embargo, pocos serán los que utilizarán el autobús, el tren y servicios como Uber. La gente preferirá conducir su propio coche.

Así se desprende al menos de un reciente estudio de Boston Consulting Group y el Centro Aeroespacial Alemán. Esta es, de hecho, una de las razones, por las que los viajes reservados a través de Uber se desplomaron un 80% en abril. Y en Pekín la proporción de conductores de metro es actualmente un 53% más baja que antes de la crisis, según un informe de Bloomberg NEF.

Menos transporte público y más transporte privado como consecuencia del COVID-19

La preocupación por el futuro (parece que lóbrego) de la movilidad compartida es particularmente notable en España, Italia y Francia, países golpeados de manera muy severa por la pandemia del COVID-19. De acuerdo con un estudio de Capgemini, en estos países incluso aquellos que no pueden permitirse el lujo de comprar un automóvil están sopesando la posibilidad de adquirirlo.

Los más optimistas (que son numerosos en el ámbito del transporte compartido) contemplan la tendencia actual como un efecto a corto plazo de la pandemia que será erradicado tan pronto como recale en el mercado una vacuna contra el coronavirus. ¿El problema? Que nadie sabe a ciencia cierta cuándo esa vacuna se convertirá en una realidad.

Además, y aun habiendo una vacuna, el COVID-19 podría marcar un antes y un después en nuestros hábitos de movilidad. ¿La principal razón? El ubicuo teletrabajo. Twitter, por ejemplo, ha autorizado a sus 5.000 empleados a trabajar desde casa "para siempre". Y más empresas podrían seguir el ejemplo de la red social del pajarito.

El "home office" les viene como anillo al dedo a quienes tienen trabajos que se desempeñan habitualmente en oficinas. Y la mayor parte de los trabajos de oficina están enclavados en ciudades (el eje central de servicios de transporte compartido como Uber). En este sentido, a medida que avance el teletrabajo, mermará también la clientela de Uber y compañía. Solo Uber destruirá 3.700 puestos de trabajo en vista de la cruenta crisis que se avecina, tal y como recoge Handelsblatt.

El coronavirus da fuelle al transporte autónomo de mercancías

Si el transporte de pasajeros parece abocado al declive, hay una tendencia al alza: la del transporte autónomo de mercancías. El denominado "delivery" (sin conductor al volante) está en la cresta de la ola como consecuencia de la pandemia.

La empresa china de vehículos autónomos Pony.ai inició un servicio de reparto de paquetes y alimentos durante la crisis del coronavirus. Y Argo, una subsidiaria de Ford en trabaja en la conducción autónoma, contempla asimismo grandes oportunidades en los servicios de "delivery" operados por "robotaxis".

Tampoco Uber le quita ojo a esta tendencia de nueva hornada. Como Pony.ai y Argo, la startup estadounidense trabaja en su propia flota de coches autónomos. Y hace unos días empezaron a circular los rumores de una eventual adquisición del servicio "food delivery" GruHub por parte de Uber.

No habrá regreso a la normalidad en el transporte de pasajeros. Más bien lo contrario. Incluso los escenarios más pesimistas están inevitablemente suavizados (y ocultan consecuencias mucho más funestas de lo inicialmente previstas).

El mercado para los servicios de transporte de pasajeros (ya sea mediante coches con licencia VTC o "scooters" eléctricos) está contrayéndose peligrosamente y se antoja complicado que regrese a los niveles anteriores a la crisis. La gran visión de una nueva y ambiciosa movilidad está muerta y enterrada.

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