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El coronavirus fuerza a los CEOS a arrojarse en los brazos de la empatía

La nueva era del CEO empático: 3 claves para liderar zafándose de las garras del egoísmo

Para zafarse de las garras del egoísmo, que nade bueno trae en tiempos de crisis, y aprender a hacer sacrificios (sinceros) los líderes pueden poner en práctica estas estrategias.

líderes

Autor de la imagen: Nader Ashraf

A bote pronto podríamos pensar que las crisis sacan a colación lo peor de las personas. Pero esta asunción (acaso totalmente falaz) no afecta a la manera en que contemplamos a los líderes, a quienes endilgamos en términos generales mayores dosis de carisma y de eficacia de lo que haríamos normalmente.

Esta es probablemente la razón por las que los presidentes de Estados Unidos, por ejemplo, son mayoritariamente reelegidos en tiempos de guerra.

Además, parece que los líderes que se sacrifican cuando llega una época de vacas flacas son estimados habitualmente como más eficaces. Y son asociados asimismo a valores morales más elevados y encajan mucho mejor en el papel de "role models" (lo cual se traduce también en mejores resultados a nivel organizacional).

Durante la crisis emanada del coronavirus no pocos CEOs han dado un paso al frente para salir en defensa de sus empleados y evitar los despidos. Es el caso de los consejeros delegados de empresas como Patagonia, Hearst, LinkedIn, Twitter, Morgan Stanley, Visa o FedEx.

Para zafarse de las garras del egoísmo, que nade bueno trae en tiempos de crisis, los líderes puedes poner en práctica las estrategias que Harvard Business Review disecciona a continuación:

1. Ponerse en los zapatos de los demás

El autosacrificio no pivota única y exclusivamente en torno a la ejecución de aquello que tiene a priori la vitola de correcto. Si un CEO se dispone a solicitar a sus empleados que se sacrifiquen, debe sacrificarse él también. Si un líder espera que sus subalternos hagan gala de comportamientos plenamente seguros, debe aplicarse también el cuento y enarbolar la bandera de la seguridad.

En este sentido, que los CEOs prediquen con el ejemplo y en estos difíciles momentos opten por recortarse el sueldo (posiblemente estratosférico) o incluso prescindir totalmente de él es positivo y no hace sino reforzar su liderazgo.

De todo modos, no son necesarios tampoco sacrificios tan grandilocuentes. A menudo bastan pequeños gestos pero valiososo como enviar comida a domicilio a los integrantes de un equipo antes de una reunión vía Zoom.

En tiempos de crisis toca apretarse el cinturón, pero el CEO debe ser el primer en tomar la iniciativa y hacer sacrificios. Además, un líder empático y dispuesto a sacrificarse no hace sino espolear la moral de sus empleados y retenerlos más tiempo en la empresa (lo cual supone un ahorro absolutamente colosal desde el punto de vista de los costes).

2. Es importante dar, pero hacerlo con un propósito en mente

Durante la pandemia fabricantes automovilísticos como Tesla, Toyota o Ford han dado un paso al frente y han reconvertido sus factorías para producir material sanitario.

En los últimos meses las marcas han mostrado su cara más solidaria, pero a la hora de prestar ayuda es importantísimo meter un determinado propósito en la ecuación y ese propósito debe estar en línea con la misión y los valores de la compañía.

Si el propósito no está claro y está emborronado por la neblina, los sacrificios pueden incluso volverse en contra de las marcas y los líderes que los emprenden (en torno a los cuales sobrevuelan muy a menudo las suspicacias).

3. Se agresivamente transparente

Más allá de explicar pormenorizadamente por qué están dispuestos a realizar un determinado sacrificio, los líderes deben ser 100% transparentes sobre la naturaleza de ese sacrificio.

Si un CEO anuncia, por ejemplo, que va a donar el 10% de su salario a una ONG, deberá explicar asimismo cuál es esa organización y a qué se destinará el dinero.

Incluso cuando no hay crisis en el horizonte, el 84% de los trabajadores se lamenta de que las empresas que les tienen en nómina no son suficientemente transparentes. Y ello acaba trocándose en cuantiosos costes para las organizaciones.

Las empresas que se jactan de ser transparentes presentan también mayores niveles de productividad, innovación y retención entre sus empleados.

Además, de la transparencia brota en último término la confianza, vital para motivar a los empleados (particularmente necesitados de estímulos en momentos de crisis).

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