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La pandemia logra domar el consumismo, que trotaba desbocado en la era precovid

Tendencias en MarketingEl consumido ha bajado de intensidad con la pandemia

El consumismo pierde fuelle con la pandemia

La pandemia logra domar el consumismo, que trotaba desbocado en la era precovid

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Durante la crisis del coronavirus la gente comenzó a resetear sus prioridades directamente emparentadas con las compras y frenó en consecuencia el consumismo.

El consumismo sigue siendo una suerte de religión para muchos consumidores, pero en en el último año y medio han apostatado también de la fe consumista no pocas personas. Así se desprende del informe global de la consultora EY «Future Consumer Index». Casi la mitad de los consumidores consultados en el marco de este informe confiesa que durante la pandemia tuvo ocasión de constatar que tenía a todas luces demasiada ropa.

Además, el 44% de los consumidores asegura que cuando ahora va de compras las marcas desempeñan un rol menos decisivo que antes en sus adquisiciones. En esta misma línea, el 53% de los consumidores dice tener actualmente una mayor predisposición que antes a reparar en lugar de sustituir directamente un producto defectuoso.

Aunque aproximadamente la mitad de los consumidores admite comprar de manera diferente por razones puramente financieras, casi una tercera parte atribuye los cambios en su manera de consumir a su firme apuesta por la sostenibilidad.

Durante la crisis del coronavirus la gente comenzó a resetear sus prioridades directamente emparentadas con el consumo y en consecuencia muchos decidieron comprar menos productos y de más calidad para que duraran más.

Muchas personas, en particular las que en los últimos meses han trabajado desde casa, se han dado cuenta de que viven rodeadas de demasiadas cosas y se disponen, por ende, a salir del torbellino consumista en el que están atrapadas.

El consumidor pone ojitos a la sostenibilidad

«Existe una clara tendencia hacia hábitos más sostenibles por parte del consumidor», explica Kristina Rogers, global consumer leader de EY, en declaraciones a Fast Company.

Quizás por esta razón menos gente que nunca (apenas un 27%) confiesa que compra más cosas para ser más feliz. Y el 85% quiere que la sostenibilidad (otrora ninguneada) forme parte de la ecuación en sus sesiones de «shopping». «Hay a menudo una brecha muy profunda entre las intenciones y las acciones del consumidor, por lo que no sabemos a ciencia cierta en qué terminará realmente su compromiso con la sostenibilidad», advierte Rogers. “Pero creo, no obstante, que muchos consumidores están dispuestos realmente a cambiar sus hábitos de compra para tomar decisiones más informadas sobre los productos que compran por el bien de la sociedad», añade.

Por esta razón las marcas harían bien probablemente en repensar aquello que venden. “Más allá de los pasos que ya están tomando algunos marcas en relación con los criterios ESG, las empresas necesitan prestar atención a los datos y continuar monitorizando qué segmentos de consumidores se rigen por la sostenibilidad a la hora de comprar y están además dispuestos a pagar más por productos de origen ético y sostenible», dice Rogers.

«Puesto que estos segmentos de consumidores no paran de crecer, las compañías deben necesariamente revisitar sus prácticas de negocios en toda la cadena de valor», destaca Rogers. «La denominada ‘fast fashion’, por ejemplo, está enraizada en un modelo de usar y tirar que no está en modo alguno ajustado al futuro. Y debería apostar por una amalgama de productos de más calidad y más caros, modelos de suscripción y economía circular», apostilla.

 

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