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El nuevo consumo que se divisa en el horizonte

¿Por dónde van los tiros en el consumo poscovid? 3 pistas

La crisis emanada del coronavirus es un cambio vital de primerísima magnitud capaz de poner patas arriba los hábitos de compra del consumidor.

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Autora de la imagen: Sarah Magdi Ali

Los hábitos de compra que el consumidor despliega en el supermercado son habitualmente muy estables y son deudores en este sentido de un gran lentitud a la hora de emprender la senda del cambio.

Cuando la gente modifica de manera absolutamente dramática sus comportamientos en lo referente a la compra de alimentos y bebidas, lo hace a menudo espoleada por un cambio vital de extraordinario calado (tener un hijo, mudarse a una nueva ciudad o cambiar de trabajo).

Y la crisis emanada del coronavirus es uno de sus cambios vitales de primerísima magnitud capaces de poner patas arriba los hábitos de compra del consumidor.

La nueva normalidad es aún incipiente y se antoja prematuro aventurar cómo será a ciencia cierta el consumo poscovid, pero hay 3 comportamientos que nos dan pistas sobre el futuro que nos aguarda a la vuelta de la esquina. Eddie Yoon disecciona en un artículo para Harvard Business Review tales comportamientos:

1. Trabajar desde casa

El hecho de cocinar (en cuyos brazos se ha arrojado muchos durante la cuarentena) es un hábito estrechamente emparentado con el tiempo que el consumidor invierte en casa. Y parece que el consumidor está abocado a pasar muchísimo tiempo en casa en el futuro, puesto que el teletrabajo cobrará muchísimo fuelle tras la pandemia.

Los trabajadores de Google, por ejemplo, podrán trabajar mayoritariamente desde casa hasta el año 2021. Y los empleados de Twitter podrán acogerse a la fórmula del "home office" de manera permanente (aun cuando el COVID-19 se haya felizmente evaporado).

Puesto que el teletrabajo conlleva un importante ahorro de costes para las empresas y se ha revelado eficaz en el transcurso de los últimos meses, es probable que muchas compañías apuesten por esta fórmula (amalgamándola quizás con el trabajo presencial en la oficina) en los meses y los años venideros.

Al pasar más tiempo en casa, algunos consumidores cocinarán probablemente más a menudo que antes en casa y eso se dejará notar en los alimentos que arroja en el carrito de la compra.

Ante esta nueva realidad nacida al calor de la creciente pujanza del "home office", los retailers con el foco puesto en la alimentación y también los restaurantes deberán necesariamente adaptarse.

2. Cena para uno

Mucho se ha especulado sobre un eventual "baby boom" como consecuencia del confinamiento solapado al coronavirus, pero lo cierto es que ese "baby boom" es más bien improbable.

Durante la cuarentena muchas parejas en ciernes han visto extraordinariamente limitados sus contactos y la ciencia sugiere además que los momentos preñados de incertidumbre y ansiedad cortan las alas a la tasa de natalidad.

En este sentido, los hogares unipersonales ganarán probablemente en relevancia en el futuro (ya la estaban ganando, de hecho, antes de la pandemia).

Ni que decir tiene que en los hogares unipersonales el hábito de cocinar es mucho menos más acusado que en los hogares donde habitan más personas (sobre todo porque es mucho menos eficiente desde el punto de vista de los costes). Además, pocas recetas dan cuenta de instrucciones para cocinar platos de una única ración.

La importancia al alza de los hogares unipersonales se dejará notar en los hábitos de consumo y los retailers y los restaurantes deberán adaptarse a esta nueva realidad con ofertas diseñadas ad hoc. De lo contrario, estarían ignorando una eventual gallina de los huevos de oro.

3. Menos densidad

El consumidor está mucho presto que antes a ser confrontado con la alta densidad y las multitudes en el universo del retail, por lo que no pocos "players" deberán dar una vuelta de tuerca a su propuesta de valor y a sus modelos de negocio.

En la industria de alimentación, por ejemplo, los servicios "drive-thru" están abocados a convertirse en ubicuos, y no solo aquellos con el foco puesto en la comida rápida sino también aquellos enfocados a los supermercados y los restaurantes tradicionales.

Esta nueva realidad obligará a los retailers y a las empresas de restauración a transformarse, para lo cual deberán aprovisionarse lógicamente de capital y realizar no pocas inversiones.

Pero el anhelo del consumidor por una menor índice de densidad y de aglomeraciones en su vida diaria va mucho más allá del universo del retail y la restauración. Y echará también raíces muy profundas en el universo del trabajo, donde habrá probablemente menos espacios abiertos y perderán relevancia empresas como WeWork, donde perfectos desconocidos trabajan codo con codo en un único espacio.

También el ramo de la educación deberá transformarse para hacer mucho menos densas y, por ende, más seguras las aulas.

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