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Sin simplicidad no hay paraíso en el diseño

Por qué el buen diseño es el más soberanamente "simplón"

En la nueva era digital el diseño que está peleado con la simplicidad y peca de complejo está necesariamente abocado al fracaso.

simplicidadRams, un documental firmado por Gary Hustwit, inició hace unos meses al otro lado del charco una "tournée" que llevará a la cinta a desfilar por las pantallas de salas de cine de todos los rincones del planeta.

La película fija la mirada en el diseñador industrial Dieter Rams, que en los años 60 y 70 regaló a Braun fenomenales diseños en forma de electrodomésticos.

Pese a que mucho ha llovido desde que el arte de Rams alcanzara su edad dorada, lo cierto es que su decálogo del buen diseño continúa teniendo vigencia a día de hoy (y merece tanto o más crédito que los diez mandamientos cristianos):

1. El buen diseño es innovador.

2. El buen diseño hace útiles los productos.

3. El buen diseño es estético.

4. El buen diseño hace comprensibles los productos.

5. El buen diseño es poco llamativo.

6. El buen diseño es sincero.

7. El buen diseño es longevo.

8. El buen diseño es consecuente hasta en los más mínimos detalles.

9. El buen diseño es ecológico.

10. El buen diseño no parece diseño.

Rams y sus enseñanzas han tenido muchísima influencia en Apple, como bien ha reconocido en múltiples ocasiones Jonathan Ive, el jefe de diseño de la empresa de la manzana. También Steve Jobs, el que fuera consejero delegado de Apple, era fan de Rams. A juicio del bueno de Jobs, “el diseño no es lo que se ve o lo que se siente. El diseño es lo que funciona”.

Pero, ¿qué se entiende por buen diseño en el recién estrenado año 2019? Para responder a esta pregunta siguen valiendo los mandamientos de Rams y también la atinada definición de diseño que tuvo a bien formular en su día Steve Jobs. Al decálogo de Rams y a la definición de Jobs cabría añadir, no obstante, otro precepto: aquel según el cual el buen diseño debe ser simple.

Aunque de boca de Jobs no llegó a emerger nunca la simplicidad como regla del buen diseño (de manera explícita), sí le dio vueltas a este concepto. “Lo simple puede ser más difícil que lo complejo. Tienes que trabajar duro para aclarar tus ideas para hacer que lo que pienses sea simple”, aseguraba el cofundador de Apple.

La sencillez es a día de hoy una de las piedras angulares del diseño. ¿Cómo no iba a serlo si cada vez más gente percibe el mundo como complejo?

Que la simplicidad en el branding vale efectivamente la pena en términos de negocio lo demuestran la consultora Siegel+Gale y su “Global Brand Simplicity Index”, un índice que vio por primera vez la luz en 2009 con el último objetivo de poner nombres y apellidos aquellas empresas que agasajan a sus clientes con experiencias particularmente simples y convierten la simplicidad en uno de los principales pilares de su modelo de negocio.

Las 10 marcas mejor posicionadas en el ranking confeccionado por Siegel+Gabel hacen gala de tener un desempeño financiero hasta siete veces mejor que sus directos rivales. Y no sólo eso. El 55% de los consumidores no le hace ascos a pagar más por productos de marcas ungidas con el don de la simplicidad. Y el 64% no dudaría en recomendar tales marcas.

Al frente del último “Global Brand Simplicity Index” de Siegel+Gale están Netflix, Aldi, Google, Lidl, Carrefour, McDonald’s, Trivago, Uniqlo y Subway (lo cual demuestra que la simplicidad no va necesariamente de la mano de la calidad y también que aquellas compañías pertrechadas de amplísimos porfolios pueden ser percibidas como simples).

La simplicidad es no sólo la llave que abre la puerta del buen diseño sino también del corazón del consumidor (y también, por ende, de las ventas).

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