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Disrupción centennial: por qué el futuro del trabajo se escribe con Z de Generación Z

Tendencias en MarketingLa Generación Z tiene las claves del marketing del futuro

Por qué la Generación Z cambiará para siempre el mundo del trabajo

Disrupción centennial: por qué el futuro del trabajo se escribe con Z de Generación Z

La Generación Z fue consciente antes que nadie (antes de que la pandemia asomara en el horizonte) de que los tradicionales modelos de trabajo se habían quedado obsoletos y no eran ya válidos en pleno siglo XXI.

Los millennials fueron probablemente la primera generación en hacer añicos las tradicionales fórmulas de trabajo (perfectamente conscientes de que estas rezumaban un nauseabundo aroma a rancio).

Sin embargo, y pese a la voluntad de cambio de la Generación del Milenio, que se incorporó al mundo laboral a principios del siglo XXI, en el universo del trabajo siguen siendo a día de hoy apreciables vestigios de tiempos remotos y huérfanos completamente de validez.

Si bien la flexibilidad ha ganado protagonismo en los entornos laborales en el transcurso de los últimos años, valores como el presencialismo y la consecución de beneficios a toda costa (y caiga quien caiga) siguen muy presentes en las culturas corporativas de muchas empresas.

En 2020 entró, sin embargo, en escena la crisis del coronavirus y se inauguró una nueva era en el mundo del trabajo marcada por la flexibilidad, una flexibilidad que es precisamente el codiciado objeto de deseo de la siguiente generación abocada a poner patas arriba los entornos laborales: la Generación Z.

La Generación Z fue la primera en anticiparse al apolillamiento de las actuales fórmulas de trabajo

Cuando allá por 2016 los centennials comenzaron a incorporarse al mundo laboral, comenzaron pronto a cuestionar las interminables horas invertidas en los desplazamientos de casa a la oficina y viceversa, el «dress code» de trajes y corbatas y la obsesión de sus superiores con los beneficios.

La Generación Z fue consciente antes que nadie (antes de que la pandemia asomara en el horizonte) de que los tradicionales modelos de trabajo se habían quedado obsoletos y no eran ya válidos en pleno siglo XXI, explica Morten Petersen en un artículo para Fast Company.

Hizo falta que el COVID-19 se hiciera tristemente omnipresente en nuestras vidas para que las empresas fueran por fin conscientes de aquello sobre lo que llevaban ya tiempo advirtiéndoles sus empleados más jóvenes. Y aunque buena parte de las empresas siguen empeñadas en aferrarse a la oficina de toda la vida, es más que evidente que la tecnología se ha encargado de demostrar que no hace falta trabajar allí de lunes a viernes de 9 a 6 para enarbolar la bandera de la productividad. Es más, con el trabajo en remoto la productividad pegó un brinco del 13%.

Quienes insisten a jugárselo todo a la carta del trabajo presencial en la oficina (aunque sepan perfectamente que esta fórmula no es en modo alguno necesaria) se arriesgan a quedarse compuestos y sin el centelleante talento de la Generación Z, la generación que nutrirá mayoritariamente las filas de las compañías a medio y largo plazo.

Los centennials no se resisten a las viejas fórmulas de trabajo por puro capricho sino porque creen fervientemente que las cosas pueden ser definitivamente mejores que lo fueron para las generaciones precedentes.

Una generación con poco o nada que perder

La Generación Z se crió a los pechos de los smartphones y las redes sociales y ha podido vivir en primerísima persona el impacto de la tecnología en su salud mental. Los centennials fueron asimismo testigos de cómo sus padres perdían sus puestos de trabajo en la crisis financiera de 2008. Son la generación que ha asistido al ensanchamiento mayor y más insoportable de la brecha entre ricos y pobres. La Generación Z es también de la generación de Greta Thunberg y los activistas por el clima (profundamente decepcionados con el mundo corporativo por su dejación de funciones en la lucha contra el cambio climático).

A los centennials la sociedad les ha fallado en muchos sentidos y por eso siente también que tiene poco o nada que perder.

En este sentido, las empresas harían probablemente bien en dejar de tildar a la Generación Z de ilusa y utópica y tomarse la molestia de escucharla.

En 2020 un estudio global de Gallup concluyó que solo el 20% de los trabajadores se sentían comprometidos con su trabajo. Y en 2009 la proporción era aún menor, de apenas un 12%. Estos datos evidencian que la ausencia de «engagement» en el trabajo no echa raíces en los centennials ni tampoco en los millennials sino en un desajuste general en los métodos de trabajo imperantes en las empresas desde hace años.

De hecho, precisamente cuando los idealistas centennials han comenzado a incorporarse al mundo laboral, los niveles de «engagement» han pegado el estirón.

Las empresas que abran de par en par las orejas a lo que tienen que decirles los centennials serán las que tengan un futuro más brillante

La Generación Z se resiste a encasillarse en una carrera en la que deba (sí o sí) hacer horas extra para ascender y después repetir una y otra vez el proceso. Y en su trabajo busca realizarse y dejar una huella lo más positiva posible en el mundo.

A los centennials no les motivan el dinero ni el estatus sino las causas y los proyectos que realmente les apasionan. Viven para trabajar en lugar de trabajar para vivir. Y conscientes de que lo que buscan brilla por su ausencia en la mayor parte de las empresas, muchos se están decantando por una carrera como autónomos y profesionales «freelance» (porque así disfrutan de más libertad económica y pueden pasar más tiempo con su familia).

Si las compañías facilitan y permiten que la Generación Z haga lo que ha ama y terminan amando también lo que hacen los centennials, estos podrían convertirse en la mayor fuerza impulsora de la productividad en el siglo XXI.

Es quizás hora de dejar atrás la percepción de que la satisfacción es espoleada por el buen rendimiento y dar una vuelta de tuerca a esta ecuación. Al fin y al cabo, cuando lo que hacemos nos apasiona, rendimos también mejor.

La pandemia ha brindado a las empresas la posibilidad de cambiar los métodos de trabajo para mejor. Y las compañías que en el futuro tengan el éxito a su vera serán a aquellas que dan libertad a sus empleados para trabajar en las causas que les apasionan, concluye Petersen.

 

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