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Por qué hacer marketing es en realidad como "ligar"

Por qué hacer marketing es en realidad como "ligar"¿Cómo se siente un cliente cuando se le acosa, se le busca y se intenta llamar su atención constantemente? Como un “objeto de deseo” al que su pretendiente no da tregua. En realidad, el marketing se rige por reglas muy similares a las del cortejo. Y como en el cortejo, la clave está en seducir al cliente, no en acosarlo. MarketingProfs proporciona a continuación algunas claves para aplicar con éxito las leyes del cortejo al marketing:

1. Todo gira en torno al cliente
Para seducir verdaderamente al cliente, las marcas tienen que dejar de mirarse el ombligo y centrarse exclusivamente en su “objeto de deseo”: el consumidor. Se trata de conocer al cliente y para conocerlo hay que escucharlo y empaparse de sus gustos y aficiones, como lo hace un amante con su amada. El conocimiento de los deseos e intereses del cliente es la llave que abre el corazón del cliente. Además, como en el cortejo, la nueva era digital pone las cosas mucho más fáciles a las marcas a la hora de seducir al consumidor.

2. ¿Encuentros casuales o compromisos a largo plazo?
Una vez que la marca ha reconocido los intereses de sus potenciales clientes y ha logrado llamar su atención, necesita un plan de acción. ¿Se conforma con ser la “amante” esporádica del cliente o aspira, por el contrario, a ser una compañera de viaje a largo plazo? Independientemente del objetivo de la marca con el cliente, la clave está en “mimarle”. Si un amante “mima” a su amada con flores o pequeños regalos, la marca debe seguir una estrategia similar y premiar al cliente con contenidos de calidad que otorguen verdadero valor añadido al consumidor.

3. Solidificar la atención
La marca puede haber logrado llamar la atención del cliente, puede incluso haberlo llevado al “altar”, pero ello no significa que haya terminado su labor de cortejo con el cliente. Como en el matrimonio, para mantener viva la llama del amor, hay que interactuar constantemente con el cliente y mantener con él conversaciones auténticas y profundas. Además, hay que tomar de de vez en cuando el pulso a la relación con el cliente para determinar si ésta necesita cambios y se encuentra realmente en buena forma.

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