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Los jefes más incompetentes no son los que usted imagina

Por qué los jefes que son lisonjeros (sin venir a cuento) son los más incompetentes

jefesCuando se discute (inevitablemente de manera acalorada) sobre los jefes que, rebosantes de toxicidad, hacen la vida imposible a sus empleados, las tintas se cargan habitualmente contra cuatro tipos muy concretos de líderes: aquellos que sólo miran por sí mismos, aquellos que enarbolan la bandera del miedo y la coerción, aquellos que son dueños de tendencias narcisistas y sociopáticas, y aquellos que jamás de los jamases admiten que están equivocados.

Sin embargo, hay un quinto tipo de jefe tóxico que se pasa a menudo por alto y que paradójicamente es el más incompetente de todos: aquel que colma de elogios vacíos y totalmente huérfanos de su sentido a sus subordinados mientras la empresa que supuestamente dirige se desmorona.

Este tipo de jefe, que en realidad no debería ser catalogado como tal porque está permanentemente ausente, es incapaz de proporcionar un “feedback” realmente constructivo a sus trabajadores, que se sienten de esta manera complemente desnortados a la hora de acometer sus tareas.

En un artículo para Harvard Business Review Scott Gregory disecciona las principales señas de identidad de los jefes ausentes (los que son a todas luces los más incompetentes):

1. Están psicológicamente ausentes

Mientras algunos en su posición intentarían disfrutar de las ventajas y los privilegios derivados de rol en calidad del líder, el jefe ausente está totalmente desconectado de su equipo y evita involucrarse con quienes están a sus cargo. Este tipo de líder extrae valor de la organización que le tiene en nómina, pero se muestra totalmente incapaz de retornar el valor que ha sido depositado en sus manos.

2. Dan demasia libertad a sus empleados y no asumen responsabilidades

El estilo de liderazgo de los jefes ausentes, caracterizado por el “laissez-faire”, tiene algunos pluses (sobre a todo a ojos de quienes han padecido durante años el “micromanaging”): hay una política no intervencionista, los líderes delegan y los empleados toman todas las decisiones.

Aun así, ceder a los trabajadores el control total de la empresa sin ofrecerles ningún tipo de guía y sin asumir ningún tipo de responsabilidad sobre sus decisiones puede convertirse en algo potencialmente destructivo para una compañía.

Que un jefe esté ausente y se lave siempre las manos saca de quicio a los empleados, a quienes les preocupa más lo que no hacen sus superiores que lo que hacen (aunque sea mal).

3. Se las ingenian para escapar a los radares

Muchas empresas no son conscientes de estar capitaneadas por jefes ausentes, puesto que estos líderes tienden a operar de manera extraordinariamente sigilosos.

Los jefes ausentes rara vez son confrontados por sus acciones porque no buscan problemas. Y en este sentido lidiar con ellos casi nunca es una prioridad para quienes están por encima de ellos.

Un jefe ausente “mata” poco a poco y de manera sibilina a la empresa para la que trabaja, cuyas arterias termina obstruyendo.

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