Tendencias en Marketing

Netflix, una amenaza para las empresas de toda condición

Por qué Netflix (y similares) ponen en jaque a todas las empresas sin excepción

Con el ascenso a los altares de Netflix y compañía la fuerza de voluntad de la gente está bajo mínimos y ese tiene inevitablemente repercusiones en el ámbito laboral.

netflixEl 21 de diciembre de 2018 Netflix estrenaba la película de terror A ciegas. Producida en exclusiva por el célebre servicio de vídeo en streaming y protagonizada por Sandra Bullock, este filme agasajó a Netflix con cifras de récord. En apenas siete días desde su estreno A ciegas concitó la atención de más de 45 millones de espectadores en todo el mundo.

Y lo cierto es que el arrollador éxito cosechado por A ciegas dista mucho de ser un evento aislado. Al otro lado del charco más de la mitad de los jóvenes con edades comprendidas entre los 18 y los 44 años practica el denominado “binge-watching” (el visionado de más de dos capítulos consecutivos de una serie) varias veces a la semana.

Y parece que no, pero estas cifras tienen repercusiones más notables en el universo empresarial. ¿Por qué? Básicamente porque el “carburante” que hace funcionar a las empresas es el trabajo duro y poco motivador, asegura Matt Plummer en un artículo para Inc.

Hincar el diente a tareas particularmente duras y complejas (aquellas con las que tenemos que lidiar habitualmente en el trabajo) requiere elevadas dosis de motivación y fuerza de voluntad.

Y rodeados como estamos de tan tentadoras y atractivas ofertas de entretenimiento (las de Netflix y similares) todo se nos hace inevitablemente cuesta arriba (por un puro ejercicio de comparación).

Las cifras hablan por sí solas. En Estados Unidos una cuarta parte de los adultos confiesa haber cancelado planes sociales con el último objetivo de darse “atracones” de series y películas en Netflix y compañía.

¿Está Netflix haciendo añicos la fuerza de voluntad?

El deterioro de la fuerza de voluntad que están propiciando los servicios de vídeo en streaming tiene un impacto de primer orden en el lugar de trabajo y tal impacto se manifiesta de varias maneras:

- El aumento de la procrastinación de naturaleza crónica (que se ha incrementado del 5% al 26% en el transcurso de los últimos 40 años).

- La merma en la resolución creativa de problemas (la creatividad es, al fin y al cabo, hija de la persistencia).

- La elusión deliberada de conversaciones difíciles y la ausencia de un “feedback” verdaderamente constructivo (la gente tiende a evitar intencionadamente las interacciones personales).

Para batallar contra la influencia de un entretenimiento que se ha trocado en irresistiblemente adictivo algunas empresas optan por el bloquear el acceso de sus empleados a determinadas webs y apps.

Sin embargo, este tipo de tácticas no bastan por sí solas para volver a hacer florecer la marchita fuerza de voluntad en los trabajadores.

A juicio de Plummer las empresas deberían poner en práctica las siguientes estrategias para recomponer la fuerza de voluntad hecha jirones de su plantilla:

1. Hacer algo desagradable de manera consistente

La fuerza de voluntad puede ejercitarse en todos los ámbitos de la vida y sus frutos terminan recogiéndose también en el ámbito laboral. Se trata simplemente de escoger una actividad en la que no nos sintamos particularmente cómodos y practicarla de manera consistente.

En las empresas esa anhelada consistencia puede ser llevada en volandas estableciendo, por ejemplo, turnos regulares para limpiar la cocina de la oficina entre los empleados.

2. Hacer algo (casi) imposible de manera periódica

La fuerza de voluntad tiene que ser desafiada con regularidad, algo que las compañías pueden lograr organizando “hackathons” y laboratorios de ideas en los que los participantes dispongan tan sólo de entre 24 y 48 horas para desarrollar un prototipo o procurar soluciones a un problema.

3. Concentrarse durante periodos prolongados de tiempo

La concentración y la fuerza de voluntad van inevitablemente de la mano. Y para que la primera se deje notar en la segunda, la concentración debe prolongarse en el tiempo (durante un espacio de al menos 90 minutos).

Dentro de las empresas la concentración puede ser alentada programando, por ejemplo, “quiet hours” en las que los trabajadores no estén autorizados a hablar los unos con los otros en el espacio abierto de la oficina.

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