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Diseccionando el éxito de los (no necesariamente talentosos) imbéciles

Por qué los soberanos (y aborrecibles) imbéciles triunfan en el trabajo, según la ciencia

Los imbéciles se las ingenian para triunfar en el trabajo no tanto por su creatividad y su talento como por su habilidad para hacer oír (a toda costa) sus ideas.

idiotasAhí fuera hay toda una plétora de historias sobre imbéciles (redomados) que se las ingeniaron para cambiar el mundo con su brillantez (que no con su don de gentes).

A la categoría de “imbécil” (por su mal carácter) estaría adscrito, por ejemplo, Steve Jobs, un hombre que consiguió llevar a Apple a lo más alto pese a gritar a sus empleados y dedicarles despectivos e hirientes comentarios sobre su trabajo.

En un principio cabría asumir que quienes son dueños de un carácter endiablado y huérfano de toda empatía logran echar sus zarpas sobre el anhelado éxito porque son más inteligentes y más creativos que sus colegas más afables (que son dueños a priori de ideas más mediocres).

Sin embargo, una reciente investigación viene a echar por tierra esta suposición. Si los idiotas consiguen estar tan bien avenidos con el éxito no es tanto por su talento como por su habilidad para que sus ideas sean escuchadas.

Para llevar a cabo el estudio, del que se hace eco la publicación Research Digest, los autores (Samuel Hunter y Lily Cushenberry) fijaron la mirada en individuos con bajos niveles de simpatía. De acuerdo con la definición de la que se valieron Hunter y Cushenberry, las personas antipáticas y desagradables tienden a ser beligerantes, egoístas, agresivas, testarudas y deliberadamente hostiles.

En el primero de los dos experimentos emprendidos por Hunter y Cushenberry aproximadamente 200 estudiantes se sometieron a una serie de tests para evaluar su personalidad y su habilidad para proponer nuevos usos de objetos comunes.

A continuación, se solicitó a los participantes que trabajaran solos durante 10 minutos y alumbraran en ese tiempo una solución a un problema de marketing. Después los investigadores pusieron a los estudiantes en grupos de tres y les encomendaron la tarea de dar a luz un plan de marketing en un plazo de 20 minutos.

Como era de esperar, la antipatía tuvo un impacto nulo en la manera en que los estudiantes se desenvolvieron desde el punto de vista creativo en solitario. Sin embargo, cuando tuvieron que trabajar en grupo, los participantes más antipáticos y desagradables fueron más proclives a salirse con la suya y conseguir que sus ideas se abrieran paso en el plan de marketing.

En un segundo experimento los investigadores pusieron a prueba la capacidad de los estudiantes para dar voz a sus ideas en contextos tanto hostiles como favorables. Y una vez más los participantes antipáticos demostraron ser menos susceptibles a las críticas y no dejaron de expresar sus opiniones pese a tener enfrente a personas que les estaban proporcionando deliberadamente un “feedback” de carácter negativo.

Aun estando en entornos hostiles las personas carentes de simpatía no se muerden la lengua y expresan sus ideas aun siendo conscientes de que éstas serán probablemente mal recibidas.

Los resultados de esta investigación añaden un nuevo matiz al debate (acalorado) sobre si los idiotas o las personas agradables son mejores o peores en los negocios. De acuerdo con el informe, la gente antipática no es necesariamente ni más creativa ni más inteligente que el resto. Su punto fuerte es que no se arredra en presencia de colegas tan o más creativos e inteligentes que ellos (y da voz, pase lo que pase, a sus propias ideas).

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