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¿Qué emociones nos hacen ser más creativos? Puede que esta no sea la respuesta que esperaba

emociones¿Cómo podemos atraer la creatividad? Una pregunta que circula entre los seres humanos desde tiempos inmemoriales. En la antigüedad, la respuesta se solucionaba con las musas de la mitología griega que llegaban cuando menos lo esperaba, tocando con su gracia e inspiración a algún afortunado. A lo largo de la historia, han sido muchos los artistas y científicos que han señalado que en los momentos de mayor felicidad de sus vidas, ha sido cuando mayores niveles de creatividad han experimentado.

Pero, ¿es la felicidad la base para el nacimiento de la creatividad? Y de ser así, ¿cuáles son las emociones que realmente alimentan nuestra inspiración? Desde la perspectiva de la historia de la psicología, las emociones positivas propician la creatividad ya que hacen que tengamos la mente más abierta y ampliemos nuestros enfoques. Pero no seamos ingenuos, vivimos en un mundo dominado por los datos y la argumentación por lo que no podemos quedarnos con un argumento tan simplista.

La felicidad es básica para alcanzar la creatividad pero se trata de una receta en la que necesitamos más ingredientes. El foco atencional juega un papel fundamental ya que una mayor atención nos permite una mejor captación de ideas. Las investigaciones desarrolladas por el psicólogo Eddie Harmon-Jones durante más de siete años, sugieren que no influye tanto el hecho de que una emoción sea positiva o negativa sino que, el factor clave, es la intensidad con la que el individuo perciba dicha emoción, tal y cómo recogen desde Harvard Business Review.

Intensidad y motivación juegan un papel fundamental en la forma en la que captamos las cosas que nos rodean. Como no podía ser de otra manera, la neurociencia ha arrojado algo de luz sobre el camino que abre las puertas de la creatividad. El estudio dirigido por el doctor Roger Beaty apunta a que las personas con mayores niveles creativos presentan una mayor conexión entre dos áreas del cerebro que, generalmente, no suelen estar muy de acuerdo.

Hablamos del área cerebral que controla el enfoque y el control de la atención con el área responsable de la imaginación y la espontaneidad. De esta investigación se desprende además que las personas que poseen un mayor “compromiso afectivo”, es decir, gente abierta a profundizar en sus emociones, están más abiertos a la inspiración siendo este un indicador más fiable que el del nivel intelectual.

Por supuesto, el ser humano no se reduce a felicidad o tristeza sino que su abanico emocional es muy amplio formado por distintos grados y estadios. La investigadora de la Universidad de Carnegie Mellon, Christina Fong, ha centrado sus estudios en los efectos de esta ambivalencia emocional. De estos se entiende que cuando los individuos se encuentran en ambientes inusuales en los que se contraponen emociones, la creatividad aumenta gracias a que el cerebro se ve obligado a realizar asociaciones que en situaciones normales nunca realizaría.

¿Qué queremos decir con todo esto? Si realmente quiere fomentar la creatividad entre sus empleados, no debe centrarse únicamente en que estos experimenten sensaciones positivas y de felicidad, disipando cualquier conato de emoción negativa. Hay que ir más allá del blanco o el negro e innovar en nuestra simplista visión de las emociones para alcanzar, por fin, ese grial al que llamamos creatividad.

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