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¿Realmente Steve Jobs era un genio? Dejemos de crear deidades si queremos apostar por la innovación

jobsEl ser humano tiende a idealizar todo aquello que admira y las personas no son una excepción. Esto no es algo negativo pero debemos saber dónde están los límites entre la realidad y los hechos fehacientes y la historia que se genera en torno a ciertos personajes.

Un claro ejemplo de esto es Steve Jobs. El co-fundador de Apple ha sido calificado como un auténtico genio de nuestro tiempo. Un revolucionario sin cuya visión innovadora nuestras vidas seguramente serían muy diferentes. Si restar méritos a nadie ¿no es está una afirmación demasiado exagerada?

Tendemos a crear un halo de deidad sobre aquellas figuras que han conseguido hacer cosas relevantes. Y esto, puede ser perjudicial para nosotros ya que está obstaculizando el camino de la innovación y el progreso. Así lo señala el reportaje publicado por MIT Technology Review del que se hace eco El Economista.

A través de las líneas de este, podemos apreciar cómo se ataca la idea de que sin este tipo de gurús, nuestra vida sería muy distinta. Como ya hemos dicho, no se trata de restar méritos a nadie pero las historias que se cuentan de estas figuras en las que se les eleva prácticamente a la categoría de semidioses, no está completa y es precisamente esa imparcialidad con la que son narradas, uno de los principales escollos a salvar por la innovación. Basta con ver los siguientes ejemplos para comprender esta reflexión:

Elon Musk, impulsor de grandes compañías como es el caso de Tesla. Su negocio de coches eléctricos y baterías para el hogar no se hubiese podido mantener a flote sin la ayuda de las subvenciones públicas que se conceden para mejorar el desarrollo de estos vehículos (además del interés de los inversores). Sólo en EEUU esas ayudas ya han superado los 5.000 millones de dólares.

SpaceX, otra de las compañías con las que trabaja Musk es un claro ejemplo de lo que le estamos contando. La empresa se ha beneficiado de las décadas de investigación financiadas por el sector público. Ahora todos los intentos pasan por privatizar lo que hasta no hace mucho se basaba en inversiones estatales.

Esto no quiere decir que los méritos de Musk no sean notorios. Desde que fundase PayPal ha demostrado tener talento y olfato empresarial como pocos. Pero esto no justifica que sea descrito como un “creador revolucionario” porque no lo es. La biografía escrita por Ashlee Vance lo define como un emprendedor compulsivo pero de carácter irascible al que le cuesta reconocer la autoría y méritos de su equipo.

Recuperamos el ejemplo de Steve Jobs. Jugó un papel vital en el desarrollo tanto de Apple como Píxar pero su reconocimiento no llegó hasta la popularización del iPhone. Y lo cierto es que su papel aquí fue el de juntar unas tecnologías ya existentes cuyas investigaciones fueron financiadas durante años por el sector público.

Nadie niega que Jobs, Musk o tantos otros ejemplos no hayan sabido encontrarse en el momento adecuado justo en el momento adecuado y que han sido capaces de aprovecharlo a través de su ingenio y talento. El problema reside en que no podemos convertirlos en una especie de figuras de culto ya que eso envía un equivocado mensaje.

Esto ofrece un falso espejo en el que tienen que mirarse las nuevas generaciones para conocer cuáles son las cualidades que se requieren para el avance de la ciencia y la tecnología. Estamos dejando en la sombra el importante papel que juega aquí el sector público cerrando de esta forma muchas puertas a la innovación.

No podemos poner a los líderes tecnológicos en un pedestal sin situar sus logros y éxitos dentro del contexto adecuado dejando claro el papel de los gobiernos no sólo como punto de apoyo de la ciencia sino como socio para la formación de nuevas empresas.

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