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Un sector que corta las alas a la innovación

Un sector que corta las alas a la innovaciónGïk, la startup de cinco veinteañeros con intención de revolucionar una tradicional industria con el primer vino azul del mundo, recibe una denuncia del lobby del vino para destruir su creación. El producto, dulce y elaborado gracias al uso de pigmentos orgánicos, lejos de querer ofender a los más puristas, nació para dar una oportunidad a personas ajenas al sector. Vuelven a vender con algún cambio en el producto original y, aunque desde España, han tratado de cerrarles una puerta; otros, como Japón o EEUU (país al que tenían previsto llegar a finales de 2016 y donde ya acumulan 6.000 reservas), les reciben con los brazos abiertos.

Tras miles de años de tradición y elaboración de dos principales y casi únicas clases de vino, actualmente existen 61 consejos reguladores de denominación de origen que ejercen un duro control sobre la mayoría de productos vinícolas y derivados producidos en unas 700.000 hectáreas. Solo en España, se elaboran 40,6 millones de hectolitros de vino, de los que cada año se desperdician miles. En definitiva, un mundo monopolizado por gigantes que imponen unos estándares y valores a veces incoherentes con sus propias intenciones.

Y es que, tal y como la CCRV (Conferencia Española de Consejos Reguladores Vitivinícolas) afirma en su web “la diversidad es uno de los pilares de los vinos de España, que presentan una imagen atractiva y una oferta poderosa”. No se entienden, así, las acciones que han tomado contra esta startup. Durante la primera semana de agosto, los jóvenes creadores de Gïk recibieron la visita de dos inspectores que, por una denuncia procedente del sector, decidieron pararles las ventas y multarles con una considerable suma -lo que provocó el despido de dos jóvenes que acababan de incorporarse.

¿Su alegato? Gik no puede ser considerado vino, pues legalmente, no existe una categoría que recoja un producto de este color y características. “Es injusto, porque Gïk es 100% uva, solo que representa algo nuevo con lo que el sector no quiere convivir”, afirma Aritz López, uno de sus creadores. Ante esto, los emprendedores han lanzado una petición en change.org para poder seguir luchando por su proyecto.Un sector que corta las alas a la innovación

“Entendemos que hay quien defiende la tradición y el respetable nombre de sus vinos favoritos, pero no creemos estar haciendo nada malo. Tan solo intentamos acercar este mundo a jóvenes como nosotros. Debe haber hueco para todo”. Una pequeña empresa con un futuro que ahora, en una lucha desigual, puede ser más corto de lo que imaginaban. En definitiva, se ha iniciado una batalla en la que algunos tienen mucho trabajo e ilusiones que perder y en la que grandes gigantes pueden continuar en su inamovible afán por defender la tradición frente a una amenaza imaginaria.

#FreedomofColor

Bajo este hashtag y para “hacer historia y solventar una situación injusta”, estos jóvenes han lanzado una petición en change.org, donde quien quiera puede ayudarles a conseguir un justo lugar en la industria.

Pero ellos no se han rendido, y desde noviembre, Gik puede comprarse de nuevo a través de su página web, https://gik.blue, dónde está disponible en cuatro formatos diferentes: una, dos, seis y doce botellas. El precio por unidad varía en función de la cantidad elegida y el envío peninsular es siempre gratuito.

Nota de prensa

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