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Los líderes y su malsana ausencia de humildad

Si la humildad y el liderazgo son uña y carne, ¿por qué tantísimos "jefazos" son arrogantes?

Pese a que los líderes más eficaces se precian de ser humildes, lo cierto es que los jefazos de más relumbrón de la escena empresarial actual pecan de arrogantes.

humildadSe supone que los mejores líderes son aquellos ungidos con elevadas dosis de humildad. Y que aquellos jefes donde se amalgaman sinceridad, modestia, justicia, sinceridad y modestia son los que mejor y más eficazmente exprimen el rendimiento de los equipos de trabajo a su cargo.

Aun así, y aunque a los expertos en psicología se les llena la boca loando a la pareja (parece que perfecta) formada por humildad y liderazgo, lo cierto es que los CEOs de más relumbrón en la escena empresarial actual poco o nada tienen de humildes. ¿Hay acaso un solo ápice de modestia en Elon Musk?

Pero si hay tantísimas pruebas sobre la mesa que demuestran que los líderes humildes dejan tiritando en términos de eficacia a aquellos que supuran soberbia, ¿por qué a tantísimos líderes les resulta casi misión imposible dejar su ego aparcado en la puerta?

Para tan peliaguda pregunta hay en realidad varias posibles respuestas. Y una de ellas es que muchos líderes tienen el pleno convencimiento de que no pueden ser humildes y ambiciosos simultáneamente. A su juicio, lo verdaderamente positivo de estar encaramados a lo más alto de la escalera corporativo es permitirse el lujo de decir a los demás lo que tienen que hacer y ahogar en cierto sentido todo conato de humildad y modestia, asegura Bill Taylor en un artículo para Harvard Business Review.

La humildad, una asignatura pendiente para muchos líderes

Con todo, y pese a lo que opinan no pocos jefes, la humildad y la ambición no están necesariamente enemistadas. De hecho, la humildad al servicio de la ambición es el “mindset” más eficaz para aquellos líderes ávidos de conseguir grandes logros. Quienes practican este tipo de liderazgo buscan activamente el éxito (porque son, al fin y al cabo, ambiciosos), pero reaccionan a los triunfos con beatífica humildad.

Otra razón por la que a los líderes se les hace tan cuesta arriba ser humildes es que la humildad es percibida a menudo como extraordinariamente “suave” cuando hay problemas “duros” aporreando en la puerta. Y por eso, para evitar parecer vulnerables en momentos que requieren certidumbre y "dureza", muchos jefes renuncian deliberadamente (al menos de cara a la galería) a la humildad.

Los líderes más eficaces no necesitan, sin embargo, fingir todas las respuestas. Y son conscientes de que su trabajo consiste en hallar las mejores ideas en otras personas (independientemente de quienes sean tales personas y cuál sea rango).

Desafortunadamente muchos líderes prefieren fracasar a admitir que no son dueños de todas las respuestas y que se encuentran, por ende, a merced de otras personas que están probablemente por debajo en la escalera corporativa.

Vivimos en un mundo donde el ego acapara todos los flashes pero es la modestia la que logra realmente los resultados. Donde la arrogancia genera titulares, pero es la humildad la que marca la diferencia. Razón de más para que los líderes se planteen por su propio bien si tienen la suficiente confianza en sí mismos para ser humildes, concluye Bill Taylor.

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