Tendencias

Si los políticos son como anunciantes, ¿por qué no pueden recuperar tan rápidamente la confianza de sus consumidores?

Si los políticos son como anunciantes, ¿por qué no pueden recuperar tan rápidamente la confianza de sus consumidores?La gente rompe sus promesas, y las marcas también. Algunas de las mejores marcas muchas veces lanzan promesas deliberadamente para llegar a los consumidores a un nivel más emocional, algo que también ocurre en la política, pero muchas de estas promesas no son más que palabras en vano. La primera regla del branding dice que no hay que hacer promesas que no se van a cumplir. Y es que ¿qué pasa con las marcas cuando los clientes consideran que no han cumplido sus promesas?

Coca-Cola es un claro ejemplo. La marca de refrescos lleva tras de sí una increíble historia de marca pero en 1985, empezó a percibirse que Coca-Cola había incumplido sus promesas cuando cambió su fórmula secreta y lanzó la Nueva Coca-Cola. El resultado fue que el refresco terminó desapareciendo del mercado a los pocos meses de su estreno víctima del rechazo del público. “No entendimos las profundas emociones de tantos de nuestros clientes”, aseguró el presidente de la compañía Donald R. Keough.

Algo similar le ocurrió a Toyota, una compañía que asentó su marca en los principios de calidad, durabilidad y confianza y logró convertirse en el segundo fabricante de automóviles de Estados Unidos en 2009. Pero cuando se destapó el fallo en el pedal del acelerador de algunos modelos Toyota, la marca y las ventas cayeron hasta dos puntos de share de mercado.

Eso sí, estas dos marcas han logrado sobreponerse a estas situaciones y ahora son más fuertes que nunca. Y es que a diferencia de los políticos, las marcas tienen una ventaja: el tiempo para generar credibilidad en la mente del consumidor. Coca-Cola y Toyota dedicaron décadas a crear confianza en sus marcas y ganarse la fe del consumidor. Por eso sus fallos se absorben en lugar de romper la relación con sus consumidores.

Algo que no es tan fácil para los políticos. La capacidad de estos para ganarse la confianza del público en sus marcas es mucho más limitada y cualquier pequeña brecha puede ser devastadora. En sus primeras elecciones estos políticos tienen muy poco tiempo para poder demostrar todo lo que proponen a los votantes y desde el día uno es juzgado y analizado en profundidad. Y es que los consumidores quieren que las promesas que se hacen en campaña electoral se cumplan rápidamente, y con decisión. Para evitar el descontento, un político tendrá que dirigirse de forma proactiva y transparente sobre cualquier brecha en la confianza que los votantes han depositado en él.

Pero en el planteamiento de un presidente de gobierno como marca se plantea un reto interesante en la estrategia de ésta. Si la política tiene que ser flexible para poder responder ante las necesidades de una economía global dinámica, ¿cómo van a crear una marca los políticos que estén al nivel de la ‘Felicidad’ de Coca-Cola sin acabar fracasando profesionalmente?

Te recomendamos

Cannes

Mundial

Regalos Ecology

Experiencias

Atresmedia

Compartir