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El blockchain hace posible el reemplazo de monedas por miradas

En este supermercado para refugiados se paga con la mirada (gracias al blockchain)

En el supermercado del campo jordano de refugiados "Azraq" las monedas han sido reemplazadas por las miradas gracias a un innovador sistema de pago gobernado por la tecnología blockchain.

blockchainEl supermercado en el que Safira Saleh hace la compra para su familia (integrada por siete miembros) es de todo menos convencional. Ubicado en el campo de refugiados "Azraq", a hora y media en coche desde Ammán (Jordania), "Sameh Market" se jacta de ser uno de los supermercados más modernos del mundo pese a su insólita ubicación.

En “Sameh Market”, donde los 35.000 refugiados (fundamentalmente de origen sirio) que forman parte de “Azraq” hallan su particular oasis de normalidad, la compra de productos se rige por la tecnología de más relumbrón del momento: el blockchain.

Gracias al blockchain, una tecnología introducida por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, en el supermercado “Sameh Market” los clientes no pagan ni con monedas ni con vales sino con algo mucho más sencillo: miradas.

Un dispositivo instalado en la caja del supermercado escanea el iris del cliente y lo coteja con un perfil individual que halla acomodo en la tecnología blockchain. Mediante el escaneo del iris, el cajero sabe cuánto dinero tiene exactamente el cliente a su disposición.

El PMA ingresa mensualmente en la cuenta blockchain de Safira Saleh 140 dinares jordanos (aproximadamente 160 euros). Es esta la cantidad que le corresponde por estar al frente de una familia de 7 miembros (a cada uno de los cuales les corresponden 20 dinares jordanos).

Safira, a quien el diario Handelsblatt acompaña en su particular sesión de “shopping”, no quiere gastarse más de 40 dinares jordanos. Cree que con las ofertas especiales (esas que se escuchan permanentemente por megáfono en el establecimiento) no superará esta cantidad.

Tras depositar varios sacos de arroz, tomates, pepinos y otras verduras en la caja registradora, el cajero dirige un escáner a los ojos de Safira, a continuación aparece una cantidad sobre la pantalla y transcurren apenas unos segundos antes de que la transacción se dé por completada al 100%.

En los cuarteles generales del PMA en Ammán el iraní Houman Haddad explica los procesos (simples y complejos simultáneamente) que tienen lugar después de que el escáner reconozca con éxito el iris de Safira.

Haddad y sus colegas han abierto previamente a cada uno de los cerca de 100.000 refugiados que viven en los campamentos de “Azraq” y “Zaatari” sendas cuentas en blockchain. Cada vez que blockchain detecta alguna transacción en los supermercados asociados a estos dos campos de refugiados, el sistema se encarga de verificar si hay o no suficiente dinero para cubrir dicha transacción. Si no lo hay, la transacción lógicamente se cancela.

Para las cuentas que el PMA pone a disposición de los refugiados el PMA no requiere de los servicios de ninguna entidad bancaria y puede ahorrar de esta manera un 98% en tasas (o lo que es lo mismo unos 140.000 dólares al mes).

A juicio de Haddad, que antes de recalar en el PMA trabajaba en un banco de inversión, el blockchain es una tecnología absolutamente revolucionaria, ya que está en posición de reemplazar a poderosos “players” como Google y los bancos (que antaño eran los únicos custodios de la corrección de los datos).

“El blockchain es un como un documento de Google en el que mucha gente puede trabajar de manera simultánea”, explica Haddad. Es una suerte de banco de datos que funciona de manera descentralizada y que dispone de múltiples nodos (tantos como ordenadores hay en él involucrados).

Por eso, y consciente de las múltiples ventajas asociadas al blockchain, el PMA quiere poner esta tecnología a disposición de 500.000 refugiados. Su objetivo es colaborar con otras ONGs y organizaciones bajo el paraguas de la ONU y llevar el sistema a otros países.

De lo que sucede más allá de la caja del supermercado “Sameh Market” Safira no tiene conocimiento alguno, pero le da igual. Está muy safisfecha con el sistema. Al principio temió que el escáner pudiera dañar sus ojos, pero a día de hoy (y con sus iris ya habituados), califica el sistema de “práctico y muy cómodo”.

Safira se ha gastado finalmente en el supermercado 44,61 dinares jordanos. Es un poco más de lo que pensada desembolsar inicialmente, pero sonríe ante la perspectiva de preparar un potaje con los ingredientes adquiridos. Cargada con varias bolsas, cuyo peso comparte con su hijo, se dispone a poner rumbo a su hogar, una humilde cabaña de hojalata emplazada en una polvorienta tierra de nadie (aunque hoy más esperanzada gracias al blockchain).

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