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Turismo espacial, un galáctico modelo de negocio que se sale de órbita por problemas de reputación

Tendencias en MarketingEl turismo espacial no es receptor de demasiado entusiasmo entre el gran público

Los problemas de reputación podrían asfixiar el turismo espacial

Turismo espacial, un galáctico modelo de negocio que se sale de órbita por problemas de reputación

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Acusado de ser extraordinariamente contaminante y de ser un mero pasatiempo para los más ricos, el incipiente turismo espacial tiene severos problemas de reputación.

Mientras la severamente baqueteada industria turística lidia aún con las calamitosas consecuencias emanadas la pandemia, Richard Branson, Elon Musk y Jeff Bezos se disponen a llevar a este mercado a nuevo y estratosférico nivel. Después de casi veinte años en el dique seco, el turismo espacial despegará por fin en 2022. Pero empresas como Virgin Galactic, Space X y Blue Origin tienen que afrontar un gravísimo problema en el multimillonario mercado que se disponen a inaugurar: el problema de imagen (en absoluto baladí) de los viajes especiales (que hacen torcer a muchos el rictus aún antes de convertirse en realidad).

Y es que la democratización de los viajes espaciales que tantísimo propugnan Branson, Musk y Bezos es de todo menos democrático. Para disfrutar de apenas tres minutos de ingravidez en el espacio hay que, desembolsar, la friolera de 450.000 dólares (si elegimos como proveedor a Virgin Galactic). Pero las ofertas de Blue Origin y Space X no se precian tampoco de ser mucho más asequibles.

¿Hasta qué punto es democrática la democratización de los viajes espaciales?

El sueño de viajar al espacio seguirá siendo, por lo tanto, un mero sueño para la mayor parte de los mortales huérfanos de billeteras tan abultadas.

Así y todo, y teniendo en cuenta a lo largo y ancho del planeta hay también bastantes millonarios (con las arcas llenas hasta la bandera), Virgin Galactic, Space X y Blue Origin no renuncian en modo alguno a levantar los cimientos de un mercado extraordinariamente lucrativo.

Richard Branson estima que Virgin Atlantic podría tener 3.000 clientes en cinco años, los cuales se traducirían en unos ingresos de 2.250 millones de dólares. Un estudio publicado en 2006 por Journal of the British Interplanetary Society iba mucho más allá y vaticinaba que el negocio de los viajes espaciales generaría varios centenares de miles de millones de euros al año.

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Así y todo, antes de que esta nueva categoría turística tome realmente forma, las empresas involucradas en ella deberán responder a al menos dos preguntas. Por una parte, Virgin Atlantic y compañía deberán demostrar que los viajes fuera de la atmósfera terrestre podrán organizarse de manera 100% segura para quienes son completamente legos en el espacio. Y por otra, deberán inocular el deseo por viajar al espacio en personas ajenas al pequeñísimo nicho de fans de la ciencia ficción y de adictos a la adrenalina.

La importancia del marketing en la jovencísima industria del turismo espacial ya la dejó a las claras George Whitesides, el que fuera CEO de Virgin Galactic, cuando confesó allá por 2014 que en sus inicios la compañía que dirigía por aquel entonces estaba enfocada sobre todo y ante todo al marketing. Esto explica quizás la cruenta batalla (de tipo marketero) en la que se enzarzaron este verano Richard Branson y Jeff Bezos a cuenta del primer vuelo comercial al espacio. Branson logró adelantar a Bezos, pero el fundador de Amazon logró volar 15 kilómetros más alto que su homólogo de Virgin.

¿Lo peor? Que estos rifirrafes (más o menos pueriles), lejos de suscitar una suerte de fiebre por el espacio, han abierto la espita de un debate en el que muchos se preguntan si la carrera espacial protagonizada por Branson y Bezos ha sido en realidad una monumental pérdida de dinero. Especialmente en evidencia quedó en su viaje espacial Bezos, que ataviado con sombrero de vaquero, parecía exudar machismo por todos los poros (y no solo por la prenda que portaba en la cabeza sino también por el diseño sorprendente fálico de su cohete).

A inicios de los años 2000, cuando comenzó a gestarse el turismo espacial, las aventuras empresariales solapadas a este mercado eran contempladas más o menos con buenos ojos. Todo ha cambiado, no obstante, a día de hoy.

Los viajes espaciales son increíblemente contaminantes

En un momento en que movimientos como Fridays for Future gozan de cada vez más predicamento, al turismo espacial se le echan inevitablemente en cara sus efectos contaminantes. Si ya los aviones son fuertemente vituperados por los gases contaminantes que generan, las críticas son aún más aceradas cuando las miradas se posan en los vehículos de Virgin Galactic y compañía.

De acuerdo con los cálculos de los científicos, cada turista a bordo del nuevo «New Sepherd» de Jeff Bezos emite 75 toneladas de CO2, entre 50 y 100 veces más que un vuelo tradicional de larga distancia.

Los científicos además advierten que los gases generados por los cohetes de las empresas de turismo espacial son notablemente más contaminantes porque llegan hasta la capa superior de la atmósfera y dañan en consecuencia de manera directa la capa de ozono.

A día de hoy el efecto contaminante de los vehículos espaciales son más bien nimios porque las agencias estatales aeroespaciales no organizan más de 100 vuelos. Pero el objetivo del turismo espacial es por supuesto dar fuelle a esta cifra (y multiplicarla quizás de manera exponencial).

Es más que evidente que el turismo está aún lejos de estar ungido con elevados niveles de aceptación social. Y la estrategia de Branson de aliarse como marcas con Under Armour, Gray Goose Vodka o Land Rover no parece haber obrado los resultados esperados.

Algo mejor lo hicieron Elon Musk y su empresa Space X a finales de septiembre con la misión especial «Inspiration 4«, en la que cuatro pasajeros sin formación como astronautas orbitaron en torno a la Tierra durante tres días. El proyecto, en el que Elon Musk optó por permanecer en segundo plano, tomará además la forma de un documental que verá la luz en Netflix.

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De este proyecto parece haber aprendido unas cuantas lecciones la empresa Blue Origin de Jeff Bezos, cuyo último vuelo espacial lo protagonizó (acaparando todos los focos) el actor William Shatner, célebre por interpretar al Capitan Kirk en Star Trek.

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