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Por qué la vulnerabilidad no es la

Tendencias en MarketingLos mejores líderes no tienen miedo de mostrarse vulnerables

La vulnerabilidad, el superpoder de los mejores líderes

Por qué la vulnerabilidad no es la "criptonita" de los líderes, es su superpoder

A quienes desempeñan cargos de liderazgo se les presuponen cualidades casi sobrehumanas. Sin embargo, la vulnerabilidad que tantísimo aterra a algunos líderes puede acabar trocándose en su gran superpoder.

A los líderes les espanta a menudo la idea de resquebrajarse (aunque sea solo mínimamente) frente a sus súbditos. A quienes desempeñan cargos de liderazgo se les presuponen cualidades casi sobrehumanas y en cierto modo cercanas a los superhéroes que desfilan por la gran pantalla. Sin embargo, la vulnerabilidad que tantísimo aterra a algunos líderes puede acabar trocándose en su gran superpoder.

Esa vulnerabilidad es, al fin y al cabo, absolutamente clave para que los líderes puedan ganarse la confianza de las personas a su cargo y compartan su misma visión de hacer las cosas.

A diferencia de Superman, cuya única vulnerabilidad es la «criptonita», los líderes no son invencibles y pueden perfectamente permitirse el lujo de cometer errores.

En un artículo para Inc. Jim Schleckser disecciona algunos consejos de los que deberían tomar buena nota los líderes ávidos de exprimir hasta la última gota su propia vulnerabilidad:

1. Bájate del pedestal

Ser líder puede resultar un poco intimidante a ojos de los demás. El cargo o la experiencia y la formación que resplandecen en el currículum de quienes desempeñan cargos de liderazgo terminan a veces distanciando (hasta límites insospechados) a los líderes de sus subordinados.

Es importante que los líderes sean conscientes del temor que en ocasiones infunden en las demás para bajarse del pedestal y tender puentes con las personas a su cargo para así poder empaparse de sus opiniones y puntos de vista.

2. Pide ayuda

El liderazgo no es en modo alguno ajeno a los errores. Al fin y al cabo, los líderes no son dueños de todas las respuestas. Y aunque deben tener confianza en sí mismos, deben desplegarla sin arrogancia.

Lejos de intimidar a las personas a su cargo, un buen líder debe animarlas a contribuir con sus propias ideas (aun siendo conscientes de que estas podrían no resultar del agrado de todos).

Las mejores ideas son, no en vano, aquellas que se alumbran en equipo. Y los líderes deben aprender a aceptar que las ideas más excelsas no serán siempre las suyas propias. Razón de más para abrir muy bien las orejas a lo que tienen que decir sus súbditos.

3. Comparte siempre el porqué

Los líderes que tienen el coraje de mostrarse vulnerables a ojos de los demás son receptores también de una mayor confianza por parte de quienes están a su alrededor. Y para tener la confianza de los demás es vital que los líderes informen invariablemente de lo que van a hacer y se atengan a la palabra dada (siempre y sin excepción).

Un buen líder debe explicar a su equipo por qué ha decidido cambiar de opinión (a riesgo de parecer vulnerable a sus ojos). Y su liderazgo no excusa en modo alguno la falta de explicación ante los cambios.

Aun cuando los cambios sean complejos y difíciles de explicar, los líderes deben tomarse la molestia de desmenuzarlos adecuadamente y acompañarlos de porqués.

 

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