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¿Weareables y dispositivos portátiles hechos de hongos? Sí, es posible

Tendencias en MarketingLos hongos podrían usarse para fines arquitectónicos y computacionales

Los hongos se están utilizando con fines aquitectónicos y computacionales

¿Weareables y dispositivos portátiles hechos de hongos? Sí, es posible

Diversos estudios están demostrando que los hongos podrían ser un material sostenible y con capacidad reactiva a estímulos externos.

La biotecnología está cada vez más presente en los proyectos de innovación de miles de empresas del mundo. La búsqueda de soluciones sostenibles y alternativas renovables que parten de la propia naturaleza es una de las cuestiones más determinantes del presente. Una reciente investigación en la que han colaborado la Universidad del Oeste de Inglaterra, Bristol (UWE Bristol), el Instituto Italiano de Tecnología y los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), ha planteado la posibilidad de utilizar hongos para la fabricación de dispositivos weareables o portátiles por sus extraordinarias propiedades para la gestión y el procesamiento de los estímulos externos.

El análisis de los diversos expertos que han participado en la investigación ha evidenciado la capacidad de los hongos de reaccionar a estímulos como la luz, las deformaciones, la temperatura y hasta las señales eléctricas. Estas características, sumadas a su sostenibilidad, durabilidad y capacidad de reparación han abierto la puerta a la posibilidad de utilizarlos como componentes para wearables o dispositivos portátiles, convirtiéndolos una nueva biotecnología sensorial.

Hongos para hacer que los wearables inteligentes sean «más inteligentes»

La capacidad reactiva de estos organismos y sus posibles aplicaciones en circuitos sensoriales ha quedado recogida en el estudio “Reactive fungal wearable”, publicado en Biosystems. La muestra protagonista ha sido el pleurotus ostreatus (“champiñón ostra”). Entre las posibles señales sensiorales que podría captar este hongo están las que proceden del cuerpo humano; de ahí su potencial como herramienta para los wearables.

«Podemos reprogramar la geometría y la estructura teórica de gráficos de las redes de micelio —el conjunto de filamentos que forman la parte vegetativa de un hongo— y luego usar la actividad eléctrica de los hongos para realizar circuitos de computación», confirma Mohammad Mahdi Dehshibi. Según señala el investigador de la UOC, los hongos son capaces, incluso, de procesar información de una forma parecida a como lo haría un ordenador.

hongos

¿Por qué usar hongos?

Entre las principales dificultades que plantean estos organismos está su manutención, su degradación, su resistencia limitada y sus olores. Sin embargo, ya se contemplan exitosas soluciones para suplir estas trabas o incluso de proyectarlas como características beneficiosas. En concreto, los ejemplares pertenecientes a la división de los basidiomicetos han resultado muy versátiles.

De hecho, según señala Deshibi, la arquitectura fúngica y el uso de productos a base de micelo ya forman parte de producción a nivel comercial. Además, “dado que utilizan fuentes de residuos para crecer, podría entenderse que son respetuosos con el medioambiente», sugiere.

Básicamente, la idea es no frenar el crecimiento del hongo, sino estructurarlo y guiarlo en torno a una forma deseada coherente con los objetivos del producto para luego secarlo y formar compuestos sólidos, sostenibles e inodoros. Estando en su forma viva, de hecho, el micelio multiplica sus capacidades conductoras y electrónicas.

Un camino por recorrer

Los desafíos y retos a los que se enfrenta el sector de la biomédica en lo que se refiere a la exploración del potencial de los hongos son todavía muchos. Sin embargo, la comunidad científica internacional está compartiendo sus observaciones e interés por el tema e impulsando su desarrollo a gran escala.

En lo que se refiere a la arquitectura fúngica, las iniciativas van viento en popa. En diciembre de 2022, el proyecto FUNGAR construirá un edificio fúngico a escala real en Dinamarca e Italia, además de una versión más pequeña en el Campus Frenchay de la UWE Bristol. En lo que se refiere al uso de hongos para la computación los procesos van más lentos; pero con resultados ininterrumpidamente positivos.

 

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