Al margen de la ley

Sobremesa de la comida de un día laborable cualquiera. Cada miembro del departamento aprovecha para refrescar sus cuentas de correo personales y contestar a los más urgentes o porqué no, a los que más le apetecen. Un problema de uno de ellos en la configuración de alta en una página genera el siguiente comentario:

- ¡Oh, vamos! ¿Quién se lee las condiciones legales en internet?

La pregunta me saca mi realidad virtual. Atiendo a las respuestas de cada uno de mis compañeros. Todos sonríen como diciendo para sí –algún pardillo se las leerá-. Pero la pregunta no tiene nada de graciosa, porque en ese texto hay muchas cláusulas que pueden buscarte las cosquillas por no habértelas leído.

Casualmente, el otro día tuve un problema con un portal de venta de entradas online. Hará aproximadamente cuatro meses puse a la venta un par de entradas de un concierto al que no voy a poder asistir. Después de un par de semanas, regalo esas entradas a unos conocidos. Busco la baja y no la encuentro. Llamo al portal para pedir que me den de baja. No recibo ningún mail de confirmación de baja. Dos días más tarde, recibo un correo en el que se dice que mis entradas no han sido vendidas. No contesto. Pues bien, la semana pasada me llaman de este portal reclamándome las entradas. Les explico lo que escribo y me dicen que tengo que abonar el coste de dos entradas similares, ante lo que me niego.

Busco toda la información sobre el proceso de compra en este portal. Encuentro discordancias (que no voy a contar por si hay que resolver este asunto por otras vías). Como no me quedo tranquila, cojo el Libro Blanco de Comercio Electrónico, publicado por FECEMD en Julio de 2009. Aquí está escrito que una vez finalizado el proceso de contratación, el portal tiene obligación de confirmar al usuario la recepción de su aceptación, la cual se efectuará bien por acuse de recibo por correo electrónico, bien generando una confirmación de la aceptación recibida, tan pronto como el aceptante haya completado el procedimiento. En mi caso, salvo que este site utilice algún medio de comunicación alternativo como el tam-tam para comunicarse, yo no he recibido nada. Finalmente, para zanjar el asunto, cojo un libro de derecho mercantil. Entre toda la parrafada encuentro lo siguiente, para que un negocio sea lícito, tiene que haber consentimiento por ambas partes, lo cual tampoco ha habido.

Con toda esta información, creo tener razón al negarme a abonar unas facturas habiendo informado previamente. Sin embargo, me queda la preocupación de darme cuenta que, Internet cada día es una comunidad más grande, donde se crean miles de páginas web diariamente, donde la gente interactúa e intercambia millones de comentarios en tiempo real, donde se crean nuevas aplicaciones para alargar o fidelizar el consumo del usuario… Pero la ley no crece al mismo ritmo. Más bien diría que la ley se estancó el día que empezó a subir el precio del papel, sin atreverse a seguir llenando tomos de biblioteca a base de visitar la triple w.

Por eso, este es un asunto que debería preocuparnos a todos e, igual que celebramos el poder contratar una campaña de televisión por adwords o poder ver un partido de fútbol por Quicktime, debemos preocuparnos por saber nuestros derechos si el servicio no cumple con nuestros requerimientos. En definitiva, es necesario avanzar con esta especialidad legal.

dimmgo

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