Angélica Reyes , directora de marketing para España, Portugal, Italia y Francia

El auge de la alfabetización de datos, la habilidad esencial de la economía digital - Angélica Reyes

Ciertos inventos y revoluciones han cambiado para siempre, tras su adopción, el escenario económico global: la línea de ensamblaje y el automóvil, los aviones, el ordenador personal, los smartphones, las redes sociales… Quizá, las de mayor impacto a lo largo de toda la historia hayan sido la escritura, la imprenta e internet, las tres relacionadas con la comunicación. A fecha de hoy, nos asomamos (si es que no hemos saltado ya) a una nueva revolución digital, una que habría sido impensable hace simplemente algunos años atrás y que tiene en su razón de ser en los datos y la analítica.

Cada vez es más común escuchar conceptos relacionados con esta revolución, tales como “Big Data”, “Internet de las Cosas” o “inteligencia aumentada”. Tantos procesos, conceptos y proyectos están siendo descritos como “de datos” o relacionados con ellos que resulta difícil no toparse con una gran idea empresarial en la que no se contemple la analítica como una de sus bases.

Sin duda, dos de las causas del protagonismo de los datos en los negocios hoy en día ha sido la vertiginosa velocidad que hemos tomado en su adquisición y el volumen de información conseguido. La eclosión del Internet de las Cosas y de nuevos modelos de almacenamiento de datos más accesibles han cambiado el mundo de la analítica, y han hecho posible una acumulación de conocimiento a una velocidad difícil de asimilar. A finales de 2016, preveíamos que este año crearíamos un volumen de información tal que sobrepasará a los últimos 5.000 de la humanidad. Por su parte, Intel ha pronosticado que a finales de año existirán en torno a 26 objetos inteligentes por cada habitante de la Tierra (pasando de 2.000 millones de estos objetos en 2006 a 200.000 millones, 100 veces más). Ante estas cifras, sin duda cabe preguntarse cómo es posible crear este volumen de datos en tan poco tiempo.

A la vez que el volumen de datos crece, la habilidad de las compañías para analizarlos y gestionarlos también lo hace, principalmente por necesidad. No en vano IDC señaló en un reciente informe que El 38% de las empresas en España tiene dificultades para interpretar y analizar sus datos. Para hacer frente a este desafío, las compañías han puesto el acento principalmente en la adquisición de nueva tecnología, siempre con el objetivo de basar siempre sus decisiones en la evidencia. Sin embargo, la parte más importante de la ecuación es enteramente humana: la clave para sobrevivir en un mundo repleto de información es la habilidad para discernir los datos valiosos de los que no lo son. En otras palabras, identificar, en una inundación, dónde se encuentra el agua potable.

Harvard Business Review ya pronosticó en 2012 los problemas derivados de la falta de profesionales expertos en analítica y datos. Hoy, con un crecimiento de datos exponencial, el problema es si cabe más acuciante. No obstante, la solución no es que todos los profesionales sean científicos de datos, o incorporar un número infinito de ellos a la plantilla, sino que todos hablemos el lenguaje de los datos, que estemos “alfabetizados en datos”.

La alfabetización de datos es un fenómeno que conlleva una serie de habilidades. Desde leer y analizar datos hasta conversar con ellos, utilizarlos en un relato coherente para convencer al resto de miembros del equipo, a los clientes, a todos los stakeholders de la organización de cuál es la decisión más sólida, dejando la intuición a un lado; ser consciente de que “los datos” comunican una realidad, desterrando la idea de que “mis datos” comunican otra. Las empresas necesitan unas herramientas y una cultura corporativa analítica si quieren seguir siendo competitivas en un escenario híper-informado, mediante la toma de las decisiones correctas. Sin lugar a dudas, podemos afirmar que es el momento de hablar el lenguaje de los datos.

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