Bassat no aprende

Con el descaro y la insensatez de un simple aprendiz me atreveré a decir que la comunicación corre tan rápido que algunos gurús que ayer vivían desmarcados hoy se han quedado fuera de juego. Sin apenas darse cuenta.

Algunos, como Lluís Bassat, se resisten a aceptarlo. Aun sabiendo que ni él es Donald Trump ni España es Estados Unidos, aún sabiéndose un personaje más gris que una tarde en Londres, esta vez Bassat ha aceptado la propuesta televisiva para buscar al becario de oro, protagonizando El Aprendiz, reality de éxito en todo el mundo y de reciente estreno en La Sexta.

Si antaño Bassat ya puso en cierto compromiso a Ogilvy en su campaña personal por presidir el FC Barcelona -aspiración truncada por un joven abogado, menos artificial y a la postre mejor vendedor- ahora el tipo parece obstinado a tropezar con la misma piedra: su absoluta falta de carisma.  Sólo así se explica que el publicista más laureado de España, con una macro compañía de comunicación a sus espaldas y apoyado por  un spot que se ha emitido en prime time durante más de un mes, no superara los 190 admiradores en “Bassat busca Aprendiz”, el grupo en facebook que andaba en búsqueda de creativos dispuestos a regalar sus ideas 2.0 a la promoción online de su programa. ¿El premio?  La oportunidad de regalarle a don Luis una campaña. Y claro, algo de fama…

A los grandes publicistas que tras años vendiendo ideas las desprestigian públicamente pidiéndolas gratis. A los que no entienden que los jóvenes son jóvenes, no estúpidos. A los que soberbiamente llaman ‘aprendices’ a talentos que hoy mucho tienen por enseñarles. A todos ellos, se llamen como se llamen, y así tengan las vitrinas a rebosar, les repetiría la frase que popularizó aquel joven abogado de apellido Laporta: “Que n’aprenguin!”.

Palabra de aprendiz.

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Joan

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