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José María Casero Fundador de Ymedia

La batalla de la propaganda en los años 30: el incendio del Reichstag, los nazis, la Internacional Comunista y Willi Münzenberg

batalla propaganda años 30

Las décadas de los años 20 y (sobre todo) 30 del pasado siglo contemplaron una formidable batalla propagandística entre los dos regímenes/sistemas que aspiraban a la hegemonía mundial, el comunismo soviético y el nacionalsocialismo alemán. Ambos daban a la propaganda una importancia capital tanto en su supervivencia como en su expansión. La propaganda era la confrontación que precedía necesariamente a la batalla real, a la guerra, que ambos deseaban y para la que se preparaban. Esa batalla por dominar el campo de las ideas ha dejado secuelas más profundas y duraderas que la propia guerra, secuelas que llegan hasta hoy. La guerra dejó millones de muertos, heridos, desplazados, e incalculables daños materiales, pero la humanidad se ha recuperado de esas heridas. Sin embargo, los efectos de la propaganda permanecen: condicionan el pensamiento actual y determinan la agenda política, social y cultural. La URSS, con la ayuda de Occidente y con terribles pérdidas humanas, ganó la guerra. Y también ganó la batalla de la propaganda, esta vez contra Occidente.

El personaje y su estrategia

Un personaje clave en esta guerra de ideas y de comunicación fue Willi Münzenberg, un genio poco reconocido. Su talento era la propaganda. Comunista alemán de primera hora, fue uno de los fundadores del KPD (Partido Comunista Alemán), próximo a Lenin, que le encargó una serie de trabajos, algunos públicos, otros secretos. Entre ellos -y fue un mandato clave- el de dirigir las operaciones de Propaganda soviética encubierta en Occidente. Fue un maestro de dos tipos de trabajos secretos, esenciales para los soviéticos: los «frentes de propaganda» encubiertos, y la captación de «compañeros de viaje» manipulados secretamente. Él se refería a ellos cínicamente como «los clubs de inocentes» y «la caza de conejos».

A lo largo de su actividad, entre 1920 y 1940, promovió una infinita cantidad de iniciativas de todo tipo: periódicos, revistas, radio, editoriales, productoras, congresos, comités, asociaciones, frentes… todos con apariencia de independientes. La clave de su estrategia para ganarse la simpatía y el apoyo de los líderes de opinión occidentales (escritores, artistas, científicos, periodistas, profesores …) era que, en su vanidad, creyeran que seguían su propia iniciativa. Que no fueran conscientes de que eran utilizados en beneficio de causas favorables a la URSS. Que en modo alguno percibieran que los hilos los movía el Gran Show de Variedades de la Komintern, como lo llamó Arthur Koestler, colaborador temporal de Münzenberg y buen conocedor del tema.

El incendio

Un mes después del acceso de Hitler al poder, se produjo un incendio en el Reichstag, el Parlamento alemán, el 27 de febrero de 1933. Un incendio probablemente provocado, que dio lugar a una tormenta política, acompañada de una batalla de propaganda única en la historia de la comunicación. Los dos enconados contendientes se encontraban en pleno desarrollo de sus estrategias de expansión. En un lado, Goebbels; en el otro, Willi Münzenberg. Y ambos consideraban la comunicación un elemento vital en su proyecto.

Los nazis trataron de capitalizar el incendio, acusando a los comunistas de provocarlo, de preparar una insurrección armada y de conspirar para subvertir el orden político en Alemania (los comunistas ya lo habían intentado antes varias veces). Detuvieron al posible autor material, el comunista holandés Van der Lubbe, que manifestó haber actuado solo, a cientos de comunistas, y procesaron como instigadores del incendio a cuatro de sus dirigentes: Dimitrov, jefe de la Internacional en Europa, a dos de sus agentes búlgaros, y a Ernst Torgler, líder parlamentario del KPD. En medio de gran expectación se celebró un juicio en Leipzig entre septiembre y diciembre de 1933. La campaña produjo una gran rentabilidad política a Hitler, que obtuvo la suspensión de garantías constitucionales para gobernar por decreto, lo que aceleró sus planes; se convirtió en el partido más fuerte del  Parlamento tras elecciones el 3 de marzo del mismo año, y pudo acelerar su control total del poder.

La campaña: el Contrajuicio y el Libro Pardo

Será difícil encontrar en la historia de la propaganda política una estrategia más brillante, original y eficaz que la que Willi Münzenberg y su equipo diseñaron durante 1933 y 1934 para contrarrestar la campaña nazi. La respuesta comprendía dos grandes piezas, coordinadas en el contenido y en el tiempo: un Contrajuicio en Londres, y la publicación de un Libro Marrón (finalmente fueron dos), con el objetivo de acusar a la Alemania nazi del incendio, desvelar el terror practicado por el régimen y utilizar el señuelo antifascista para fortalecer la posición de la URSS. Todo ello acompañado de campañas de prensa, entrevistas, comités de apoyo y conferencias en todo el mundo, orquestadas en el seno de la Komintern con la ayuda de los partidos comunistas locales.

El Contrajuicio se desarrolló en Londres, haciendo de Jurado una llamada Comisión de Investigación, reclutada por Willi Münzenberg y Otto Katz, y compuesta por juristas y políticos progresistas de renombre internacional, presidida por D. N. Pritt, un famoso abogado inglés. El juicio –»una ópera cómica» según los nazis- comenzó el 13 de septiembre de 1933, se desarrolló durante 5 días, hasta el 18 de septiembre, y consiguió una formidable cobertura de prensa en todo el mundo. Su objetivo era simple: demostrar que el incendio fue un montaje nazi para acusar y desacreditar a los comunistas, que eran inocentes. El veredicto era previsible, de acuerdo con los objetivos.

La guinda del caso: las «conclusiones» (no se atrevieron a hablar de «veredicto») de la Comisión de Investigación se hicieron públicas, no casualmente, el 20 de septiembre de 1933: el juicio del tribunal de Leipzig para juzgar a los comunistas comenzó … el 21 de septiembre. Al abrirse las sesiones ya se conocían las Conclusiones del Contrajuicio de Londres, y tres mil periódicos de todo el mundo ya habían publicado que eran inocentes, consiguiendo de esta forma un gigantesco impacto de opinión pública.

El primer libro, titulado Libro Pardo del terror hitleriano y del incendio del Reichstag (The Brown Book), se publicó en alemán agosto de 1933, recogiendo supuestas pruebas de la autoría nazi del incendio y una breve historia de los nazis y de sus métodos de represión. El Comité Mundial por las víctimas del fascismo (otro de los frentes semifantasmas de Willi Münzenberg) aparecía citado como promotor del Libro. Se tradujo nada menos que a 17 idiomas, y lo publicaron prestigiosos editores, como Victor Gollancz en Londres (septiembre), Editions du Carrefour (controlada por WM), en París, con una enorme tirada, o Alfred A. Knopf en EEUU. Muchos intelectuales alineados (Wells, Rolland, Barbusse, Malraux y un largo etcétera) apoyaron el lanzamiento del Libro. No sin incidentes: Einstein, un asiduo defensor de las iniciativas de Willi Münzenberg, se puso furioso al ver que aparecía su nombre como autor, sin su permiso. Pero todo volvió a su cauce.

El Segundo Libro Pardo del incendio del Reichstag, apareció a principios de 1934. El peso principal de la operación lo llevó Otto Katz, lugarteniente de Münzenberg. Arthur Koestler y Gustav Regler, entre muchos otros, fueron activos colaboradores en el libro.

Los Libros Pardos, una mezcla de investigación real, documentos falseados e invenciones, fueron aceptados como auténticos por la opinión pública, hasta que mucho más tarde, el periodista Fritz Tobias, en un libro titulado The Reichstag Fire (1964), ponía en evidencia numerosas incongruencias en su contenido.

La conclusión

El balance de la operación fue apabullante: una masa enorme de propaganda negativa y de descrédito para la Alemania nacionalsocialista, la difusión de la imagen de la URSS como defensora de los derechos humanos y de la justicia, el fortalecimiento de la moral y la cohesión de los partidos comunistas y de los agentes de la Internacional. Y lo más importante: la URSS se «apoderó» del territorio de la lucha anti-fascista, lo que le dio una enorme popularidad. Incluso, cabe suponer que influyó en un cambio de política de Stalin: el lanzamiento de los Frentes Populares en 1935, en alianza con socialistas y socialdemócratas, hasta entonces considerados como sus mayores enemigos, que alcanzaron el poder en Francia y en España en años sucesivos.

Lo más llamativo de todo fue que la Alemania nacionalsocialista y la Unión Soviética siguieron manteniendo una estrecha colaboración estratégica, que no se vio afectada por los enfrentamientos en la «superficie» derivados del incendio del Reichstag.

José María Casero, fundador de Ymedia

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